Se enterró la sardina y la cosa no acabó en cenizas

El president de la Generalitat, Quim Torra
El president de la Generalitat, Quim TorraRicardo RubioEuropa Press

España no se ha roto y la Mesa de Diálogo tampoco a pesar de que Torra y Puigdemont no pararon de intertarlo. En el día de la verdad exquisitez en las formas con un protocolo de encaje de bolillos para restar tensión al inicio. La Sala Tapies con mesa estrecha invitaba a la cercanía. Torra y Sánchez se situaron en el centro. El Gobierno siguió el protocolo. El Govern campó a sus anchas con Pere Aragonés y Marta Vilalta -ERC- haciendo bocadillo a Torra y con Elsa Artadi al lado de Aragones, haciendo valer su condicion de "chica Puigdemont, dejando a los consellers flanquando las bandas.

Después de tres horas, las explicaciones. Torra desde el atril habitual del presidente, con María Jesús Montero calentando la banda. Ambos dieron la versión oficial. La buena seguro que la registró Josep María Jove en su moleskine, modelo similar al que utilizó en 2017 donde registró los movimientos del procés.

No hubo acuerdos - nadie los esperaba- pero sí desinflamación. La negociación será larga y tediosa, han dicho Sanchez y Junqueras, porque el “conflicto político” está enquistado. Algunos tratarán de superar la confrontación. Otros, desde dentro y desde fuera, querían que la Mesa acabara como el dia de ayer, miércoles de ceniza. No lo consiguieron. Ayer sólo se enterró la sardina, un alegoría de entierro del hacha de guerra, en forma de comunicado conjunto. Ayer se plantó un árbol que, si no pasa nada, hoy dará sus primeros frutos para Pedro Sánchez que se llevará el techo de gasto aprobado bajo el brazo. Y España sigue entera.