Un Gobierno, sólido, de colisión

Jesús Rivasés

Pablo Iglesias volvió a explicarlo en la Complutense en donde se educó como político. Se lo dijo a sus «escracheadores», que tampoco tenían ningún interés en escucharlo, pero el mensaje quedó ahí. «La radicalidad no está en lo que se dice, sino en lo que se consigue», precisó, muy calmado, el líder de Podemos que, por otra parte, liquidó el incidente –que además le proporcionó protagonismo moderado– con un «poca cosa». Iglesias, más que liderar la izquierda extrema como sus predecesores, desde Carrillo y Anguita a Cayo Lara y el mismo Alberto Garzón, quería gobernar y lo ha conseguido. Instalado en una vicepresidencia, un día sí y otro también, dirige y le ocupa la agenda a Pedro Sánchez y al PSOE y, además, incluso genera simpatías desde su nuevo estilo institucional, que le permite –a él y a Irene Montero– acompañar al Rey o a la Reina y, al mismo tiempo, reclamar que se investigue a Don Juan Carlos.

La ley de libertad sexual, la gran bandera de Irene Montero, sufrirá muchos cambios hasta que se apruebe. La iniciativa de Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, de que los trabajadores en la práctica cierren una empresa por el peligro del coronavirus ha sido abortada antes de nacer. Unidas Podemos marca el terreno y el resto del Gobierno actúa de bombero, bronca interna incluida. El Gobierno de coalición, antes de los cien días, ya es un Gobierno de colisión, un choque entre dos partidos, al que se añaden las disensiones entre los ministros socialistas. Tres registros diferentes para un solo Gobierno, al mismo tiempo muy sólido gracias a su voluntad de permanencia. La manifestación de hoy puede ser un buen escaparate. Socialistas y podemitas en lugares diferentes, mientras Carmen Calvo y José Luis Ábalos no es que sean versos sueltos pero enturbian el supuesto idilio Sánchez–Iglesias, que acabará en divorcio sin acuerdo. El coronavirus oculta casi todo, pero no lo borra. Venezuela y la escala de Delcy Rodríguez todavía preocupan y el asunto catalán, aunque con formas más amistosas, sigue pendiente. En Barcelona recuerdan que Junqueras sedujo a Soraya Sáenz de Santamaría y sugieren que ahora intenta lo mismo con Sánchez, hasta que lo deje colgado. La crisis de 2008 dejó la enseñanza de que lo más importante es hacer un diagnóstico realista y actuar con contundencia. Es válido para el coronavirus y para casi todos.