Pandemios

Están, en primer lugar, los políticos y sus burócratas, que han encontrado un sentido especial a sus existencia

Pandemios, dícese de aquellos que disfrutan con los males ajenos relativos a una pandemia. Evidentemente me lo acabo de inventar, pero haberlos haylos, y yo los veo con mucha actividad. Están, en primer lugar, los políticos y sus burócratas, que han encontrado un sentido especial a su existencia.

Es decir, ya no solo disfrutan con la lucha por el poder y el dinero, sino que gozan con la sensación de ser imprescindibles y urgentes. La población que administran está más que nunca al albur de sus decisiones, sean estas acertadas o erróneas, como suele ocurrir. El poder, habría que estudiar porqué, lleva implícito el virus de la corrupción. O quizá sea el de la insustancialidad humana. El que entra en su territorio viene ya con ese bicho del «querer mandar y poseer».

Y si es que resulta que entró por equivocación se irá enseguida o lo echaran a patadas. El incauto no conseguirá hacer algo diferente porque las estructuras del poder están corrompidas como un colchón lleno de ácaros y pulgas en el que es obligatorio acostarse para pertenecer. A cambio tendrás múltiples prebendas y una fuerte sensación de dominio. Tu complejo de inferioridad estará encubierto hasta que dejes el puesto y te quiten la gorra.

Los tres poderes, ciegos a la realidad, siempre van a rebufo. Las leyes llegan tarde, se ejecutan a destiempo, de lo judicial ni hablamos. Ahora, cuanto teníamos que tener a los sanitarios y profesores reforzados al máximo, están buscándolos; cuando los transportes tendrían que haber sido multiplicados, sigue el amontonamiento humano… Pero eso sí, castigados los del sur a confinarse en sus espacios pequeños y hacinados. Los políticos y sus voceros son pandemios puros. Y no hay vacuna que valga.