La marginalidad de la izquierda en EE. UU.

Las ideologías decadentes y destructivas las dejan para la soberbia Europa y el votante estadounidense es mayoritariamente moderado.

La polarización que existe en Estados Unidos es lógica, porque solo entran en liza dos partidos. A esto se une su peculiar sistema electoral que hunde sus raíces en el siglo XVIII, pero que forma parte de las costumbres de esa gran nación. A nosotros nos resulta confuso y anacrónico, pero lleva más de dos siglos funcionando y los estadounidenses están contentos. No lo han cambiado, aunque llevan varias convocatorias donde se comprueban sus carencias. El enfrentamiento ha sido duro, crispado e incluso virulento. Es algo que responde al estilo del presidente Trump que se siente muy cómodo bajando al barro para enzarzarse en una pelea callejera. Por supuesto, los demócratas han dedicado todos sus esfuerzos a destruirle. Nunca han aceptado que fuera el presidente y todo el entramado mediático, económico y cultural le ha convertido en el enemigo público número uno. No hay nada peor y ha sido una marea que se ha extendido entre la izquierda mundial. Los medios de comunicación se han centrado en su destrucción personal, glorificando a su mediocre rival e ignorando los escándalos que le afectaban a él y su hijo. Todo muy objetivo.

Mientras Europa se hunde en una enorme crisis económica e institucional, con un horizonte muy incierto y con más pasado que futuro, no se da cuenta de que sea Biden o Trump no importa porque Estados Unidos seguirá siendo la primera potencia mundial. La vieja Europa sigue siendo demasiado vieja, demasiado dividida y demasiado insegura. Todo en una demasía muy negativa. Le falta la unión y cohesión así como el dinamismo que un día le hizo extenderse por el mundo creando una civilización europea. La crisis de la covid-19 no ha hecho más que poner de manifiesto la UE de las crisis del Brexit, de la inmigración, de los populismos, del yihadismo…. A pesar de ello seguimos dispuestos a dar lecciones a Estados Unidos sin darnos cuenta de nuestra propia fragilidad. No importa que un presidente sea bueno o malo, porque lo fundamental es la fuerza interior de la nación que le permite superar cualquier crisis. Lo que más me gusta es que la izquierda es irrelevante y no tienen comunistas, podemitas, anticapitalistas o anarquistas. Las ideologías decadentes y destructivas las dejan para la soberbia Europa y el votante estadounidense es mayoritariamente moderado. Por eso votan demócrata o republicano. Es una sociedad profundamente anticomunista. Y, desde luego, los demócratas no son socialistas.