Cataluña

Del constitucionalismo a la nación

Illa no ofrecerá ningún obstáculo para lo que queda por hacer de la construcción nacional catalana

Alejandro Fernández, el candidato del PP, afirmó ayer en LA RAZÓN que hoy por hoy, el PSC no está en el bloque constitucional. Muy optimista, sigue diciendo que lo estuvo en algún momento en septiembre de 2017, pero ahora el PSC mantiene una alianza estratégica con ERC –y otra con Podemos, podía añadir– que le aleja de la defensa de la Constitución y de la pervivencia de España. Alejandro Fernández no considera por tanto la posibilidad de que Illa y el PSC, convertidos en el eje de la vida política catalana, puedan optar por alinearse con los constitucionalistas, es decir con los antinacionalistas. Ortega Smith, en cambio, sí contempla la posibilidad de que Vox llegue a respaldar al PSC, pero la perspectiva es distinta. Fernández, seguramente, intenta evitar que los votantes que una vez respaldaron a Ciudadanos se vayan ahora con un partido y un candidato que va a continuar la muy avanzada empresa de desmantelamiento de España mediante la transformación del fallido Estado de las Autonomías en un Estado compuesto, del que Illa ha sido el principal apologista en estos meses de gestión catastrófica de la pandemia.

Porque es eso lo que otorga popularidad a Illa. El perfecto apparátchik –que además ha disfrutado de mando en plaza en Madrid, ese sueño secreto de la sociedad catalana- ofrece una vía tranquila para salir del atolladero en el que se ha metido Cataluña. Con una alianza estratégica en la que los socios coinciden coyunturalmente, en cuanto a la necesidad de calmar la situación, pero con perspectivas futuras divergentes (y a no muy largo plazo: diez o quince años): por parte de los socialistas, el Estado compuesto, un poco como en tiempos de los Austrias; por parte de los nacionalistas, la independencia. Illa, en su papel de pacificador, no ofrecerá ningún obstáculo para que en estos años continúe lo que queda por hacer de la construcción nacional catalana. Al fin y al cabo, los dos proyectos, el de ERC y el del PSC, son postnacionales, aunque en el caso de ERC la post nacionalidad se refiere sólo a España.

La advertencia de Fernández no debería caer en saco roto para los que, habiendo votado a C’s en 2017, duden a quién respaldar esta vez. Si acudieron a las manifestaciones después del 1-O y se han sentido humillados por la prepotencia nacionalista, están pertrechados para dejar de votar a una izquierda que tiene un proyecto para España compatible y apoyado en el nacionalismo. Otra cosa es la de decidir a quién votar una vez descartado al PSC. Que un dirigente de Vox haya manifestado su pragmatismo no convencerá a los más urbanos y cosmopolitas de entre ellos, los que todavía andan persiguiendo el sueño de una nación cívica y un patriotismo puramente constitucional. Sí puede serlo, en cambio, para otros votantes, menos obsesionados con la propia imagen y para los que la interminable crisis catalana resulta una demostración tanto de la deriva nacionalista como de la quiebra definitiva de una democracia española sin nación que la sustente.