Elecciones Comunidad de Madrid

Derechos, no berberechos

Sánchez y sus estrategas, atendiendo a los conceptos más clásicos de la teoría política, deben analizar si se puede gobernar un Estado poniendo en jaque a la Nación

El 4 de mayo Madrid fue, más que nunca, la región capital de España. Por eso todos los ojos estaban puestos sobre unos comicios que fueron algo más que unas elecciones autonómicas. Y los madrileños, conscientes de la enorme importancia de la convocatoria a las urnas, pese a la pandemia, y pese a una campaña lamentablemente polarizada por los partidos más radicales y un PSOE claramente desnortado, se saldó con una participación récord, que puso de manifiesto el sentido de la responsabilidad y del civismo de los madrileños. El martes se elegían muchas cosas. Por ejemplo, se optaba entre un modelo de certidumbre en la gestión de la pandemia, el del que se enfrenta a un problema que afecta a la salud de todos y al futuro de muchos con medidas proporcionadas y científicas, o el del que se mueve entre los extremos del alarmismo jurídico y el negacionismo legislativo sin llegar a dar nunca en el clavo. También se votaba entre un modelo económico y social basado en la capacidad para elegir, los impuestos bajos y las cuentas saneadas, frente al de quienes están llevando nuevamente al país a la ruina. Y, más allá del marco competencial, se votaban cuestiones de fondo, sobre las que los ciudadanos madrileños tenían muchas cosas que decir, en relación con asuntos como la igualdad de los españoles, la unidad de España o el respeto a nuestro marco de convivencia y bienestar, que gira alrededor de ese modelo inigualable de éxito histórico que es la Constitución. Los ciudadanos se pronunciaban sobre los pactos con Bildu o Esquerra y también sobre la propia coalición del PSOE con un partido que es contrario a la monarquía, la división de poderes o la libertad de mercado. Y sobre cosas más concretas, como los acercamientos de presos de ETA, los indultos a los presos independentistas, el arrinconamiento del castellano. Por supuesto, con un Gobierno central que siente empatía por los partidarios de todo lo que signifique particularismo y anti-España, y rechazo frente a quienes defienden el Estado y aquello que es común, también juzgaron los votantes esos ataques gratuitos e insólitos que se han perpetrado contra Madrid. El resultado de esta ecuación, con una Isabel Díaz Ayuso que ha sabido conectar con las preocupaciones reales de los ciudadanos, es sobradamente conocido y suficientemente claro como para que la izquierda madrileña y española, y especialmente el Partido Socialista, abran una reflexión que vaya más allá de criticar de forma rencorosa y mezquina a los votantes. Pero sobre todo, al margen de que Madrid anticipe resultados electorales estatales, Sánchez y sus estrategas, atendiendo a los conceptos más clásicos de la teoría política, deben analizar si se puede gobernar un Estado poniendo en jaque a la Nación y sin tener en cuenta los sentimientos del Pueblo. Ningún análisis será correcto mientras piensen que han perdido por los berberechos y sigan ignorando que a la gente lo que le preocupan son sus derechos. El grado de insulto a los madrileños y a Madrid fue intolerable -Madrid de borrachera, 100 montaditos, bomba vírica, etc.- ¡Estas cosas se pagan!