Ahórrense el show
La guerra posiblemente esté perdida. Tengan al menos el detalle de ahorrarnos el show
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Los apóstoles del ibuprofeno venden las virtudes del sarao en el Liceo como si inaugurásemos la segunda Transición. Lo despachan como un tributo en aras de la desinflamación. Vestido con los grandilocuentes ropajes de encuentro con la sociedad civil, estamos ante la escenificación de cómo el poder central humilla la frente. El enredo tiene lugar porque Bruselas aprobó los fondos para remediar la quiebra. Como en el caso de Al Capone no hay más que seguir el rastro del oro para entender las cabriolas de los empresarios. Presionan a Pablo Casado y al PP para que acepten los indultos y así cobrar ellos tranquilos el dinero con que les compran. Dejen de enredar con idioteces como el Estado de Derecho, nos dicen, abandonen sus discursos sobre la soberanía nacional, la defensa de la Constitución y la Corona, los derechos de los ciudadanos o la coexistencia, que hay miles de ricos millones disponibles. Franquistas reciclados en convergentes, patrones de unos negocios beneficiados por el mercado cautivo del resto de España, élites podridas de egoísta frivolidad y amamantadas en la compra/venta de voluntades y en el sorber de las arcas públicas, caníbales de una mano de obra llegada de Extremadura, Andalucía y Castilla y sometida durante décadas a un doble proceso de explotación y aculturación, van ahora, se plantan ufanos y nos cuentan que lo mejor para el común consiste en perpetuar un ecosistema corroído por la perpetua vejación de los catalanes ajenos al sanedrín de la limpieza de sangre. Repugna el cinismo de quienes venden la zafia operación de marketing como una cumbre que habría seducido a las principales asociaciones constitucionalistas y los más destacados luchadores contra la xenofobia. Antes al contrario, no estarán las plataformas más distinguidas contra el nacionalismo obligatorio. Pedro Sánchez tendrá su tarde de gloria el mismo día en que el Consejo de Europa vota para equiparar a España con Turquía. La guerra posiblemente esté perdida. Tengan al menos el detalle de ahorrarnos el show. Cobren los cheques sin sacar pecho y, por lo que más quieran, súbanse las bragas y los gayumbos, que con tanto arrastrarse por el suelo más que vergüenza (ajena) empiezan a dar asco.