Resulta que sí es no

La ley de Libertad Sexual es solo propaganda ideológica para llenar el vacío

EUROPA PRESS/R.Rubio.POOL Europa Press

Hay varios motivos por los que se puede discrepar, mientras que se permite todavía, de la Ley de Libertad Sexual que acaba de aprobar el Gobierno, después de no pocos aspavientos, por parte de la ministra Montero, pero el más contundente es que se trata de una chapuza. Sexual, de género, genital, caidita de Roma, pero chapuza al cabo. Para que ustedes lo entiendan, pretenden que creamos que esta norma revoluciona las relaciones de tal manera que si no hay un consentimiento expreso se considerará abuso o agresión. Las actuales leyes ya contemplan este aspecto, aunque Montero, con su corte feminista de boquilla, nos quieran hacer creer que han visto la luz y que las manadas antes campaban a sus anchas por las praderas de Caperucita. Almas de cántaro, cómo no iba a tener en cuenta el legislador hasta ahora la idea de consentimiento. La intención de esta pantomima es hacer ideología «hardcore» y desmontar la creencia de que los jueces, mayormente, hacen bien su trabajo sino que forman parte del «entramado» de una supuesta sociedad heteropatriarcal que aplasta con su bota todo lo que no sea un hombre. Irene Montero está dispuesta a hacer pornografía de un beso mal recibido si hace falta con tal de que crean que a los malnacidos no basta con llevarlos a penar puñetas sino que hay que cogerlos por los huevos pero luego soltarlos porque no está de acuerdo con la prisión permanente revisable. Digamos que esta Ley, como tantas otras de este Gobierno, es un paso más a un infierno antidemocrático y antiigualitario aunque el anuncio se ruede en un cielo liberador de mentira. El «sí es sí» se vende como un aval defensivo para la mujer cuando lo cierto es que la deja igual de desprotegida mientras se mete hasta tal punto en la cama de los ciudadanos y ciudadanas que algunas veces habrá que pensar en este clímax político si no habrá una Montero detrás de Alexa espiando porque lo que es un sí puede convertirse en a lo mejor. No alargaré el argumentario para no caer en la frivolidad con la que estas nuevas filósofas tratan temas tan serios como una violación y porque una vez oída a la portavoz ha pasado la excitación de escribir.