Pedro Sánchez

La crisis

Esta crisis sorda y, hasta cierto punto, callada del Gobierno de izquierdas es una carcoma que va royendo la fe en las instituciones

Lo asombroso es que este «Gobierno de progreso», construido de ambiciones y contradicciones, subsista como si tal cosa. Desde el principio se supo que iba a estar en crisis permanente. Mientras escribo están reunidos los socios para afrontar la primera crisis seria de la coalición. Nadie espera que se rompa todavía la cuerda. Eso ocurrirá previsiblemente cuando las urnas estén más cerca. Y puede quebrar por el punto más insospechado. El motivo inmediato del presente desacuerdo está en la reforma laboral, que desde siempre es el campo preferido de las izquierdas cultivado por las derechas. ¿Hay que liquidar la reforma de Rajoy, bendecida por Europa y que ha dado unos resultados aceptables? ¿Hay que retocarla sólo? En caso de un cambio a fondo, un cambio «progresista», ¿quién lo carga en su cuenta, el PSOE o Podemos? ¿Yolanda Díaz o Nadia Calviño? Está en juego el prestigio ideológico y la proyección electoral de las dos formaciones de izquierda.

Lo de la reforma laboral es sólo el pretexto o la etiqueta de la crisis. Me recuerda a «la razón fronteriza» de Eugenio Trías. Los desencuentros son constantes y por las cosas más nimias. La «otra izquierda» no se resigna a ser absorbida o minimizada. Entre los socios no hay solidaridad básica. Sólo recelos. No rompen ya porque Pedro Sánchez no quiere suicidarse. No se fía de Tezanos. Además siente pánico a que sus actuales socios, expulsados del paraíso, le incendien la calle al final de su mandato. Prefiere tener la fiesta en paz mientras el cuerpo y el orgullo aguanten. Como escribía ayer aquí el socialista Tomás Gómez, que conoce bien el paño, duermen juntos, Sánchez y Yolanda Díaz, con un ojo abierto vigilando para no ser asesinados por el otro. De momento lo que importa es sacar los Presupuestos adelante. Después ya se verá.

Lo deja claro el sociólogo francés Alain Touraine: «El cambio no es sólo creación, progreso, es en primer lugar y siempre descomposición, crisis…». Lo estamos viendo. Los esfuerzos de Pedro Sánchez por superar esa crisis y esa descomposición no han dado resultado. Ni el reajuste de Gobierno hace cien días, con un Consejo de Ministros más femenino y rejuvenecido, ni el reciente congreso valenciano de reagrupamiento y exaltación personal, con falsas unanimidades, han servido para salir del berenjenal y mejorar la gastada imagen. Más bien todo lo contrario según las encuestas de ayer mismo. Esta crisis sorda y, hasta cierto punto, callada del Gobierno de izquierdas es una carcoma que va royendo la fe en las instituciones, las tapas de la Constitución y la eficacia de la acción política en España.