Inmersos en el eufemismo

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero FOTO: Gustavo Valiente Europa Press

Hay que ver qué semanita llevamos entre violaciones, asesinatos o accidentes con adolescentes y niños. Y eso que ahora los padres andan con la geolocalización al minuto de cada uno de ellos. Pero no quiero que estas líneas se conviertan hoy en una crónica de “El caso”, haciendo hincapié en el dolor, hurgando en las heridas… No, porque soy madre y sé cómo duelen los hijos. Así que vayamos al mundo del eufemismo donde nos hallamos inmersos. La cuestión de la semana ha sido derogación sí, derogación no, y, al fin, se han decidido por una “modernización del marco laboral que mire al futuro y reduzca el empleo precario”. Entonces va María Jesú Montero y con tono triunfal declara en el debate sobre los presupuestos que en los últimos tiempos hay más afiliados a la seguridad social que en los cuarenta y tantos años de democracia. Y yo le pregunto ¿por qué sucede esto, chiqui?, ni más ni menos que por la denostada reforma laboral de Rajoy, mi niña, ¡que no te enteras de ná! Por su parte la paisaniña Yoli Díaz dice que su contrarreforma va a acabar con la transitoriedad en el trabajo. ¿En qué quedamos? Me da la sensación de que no hablan mucho entre los socios del gobierno, porque estos dos conceptos para mí que no concuerdan…o bien que quieren jugar al desconcierto, que es un deporte muy entretenido. Aquí la única realidad es que el diccionario de sinónimos y antónimos es el libro de cabecera de todos los componentes del gobierno y sus asesores, que son un ejército inacabable, y que nos cuestan, los unos y los otros, un turrón a los que apoquinamos cada año a las arcas del Estado. Turrón que no sé si vamos a comer esta Navidad porque la cosa está muy mala. Los precios suben por momentos y el fantasma del desabastecimiento planea por todos los comercios. Por un lado faltan camioneros y, por el otro, China está apañando con todo ante el temor de un agravamiento de la situación sanitaria. Dicen que cuando las barbas de tu vecino veas pelar… y en ese sentido mi consorte, previsor él, ha comprado una vaca en Zarauz, en un sitio de mucha confianza, y la ha mandado despiezar y conservar al vacío. También se ha hecho con centenares de croquetas y con varias cajas de vino, con lo cual tenemos para ir tirando una temporadita.

Mientras tanto, el anciano Biden, llamado por algunos “la momia”, vive sus horas más bajas desde su elección como presidente de los Estados Unidos y aquí, en España, seguimos sin embajador, en este caso de embajadora, puesto que la designada –una tal Julissa Reynoso-, está bloqueada por el senador Ted Cruz. No son buenas noticias para las relaciones bilaterales. Vamos a ver qué ocurre. Desde luego no me resulta simpática de aspecto, menos aun sabiendo que es fan de Sánchez. He sido amiga de muchos que pasaron por España, pero esta no formará parte del elenco de quienes fueron mis amigos. De eso estoy segura.

Echo en falta algo que no se celebra hace tiempo. Con esto de la pandemia nos hemos olvidado del debate sobre el estado de la Nación, una práctica muy higiénica que antes, cuando vivíamos en democracia, se celebraba cada año, pero con el gobierno actual todo queda sobreseído y nadie da explicaciones de nada. ¡Qué asco!

CODA. La joven activista Greta Thunberg –la niña del exorcista la llaman algunos-, ha dicho en Glasgow “os podéis meter la crisis climática por el culo”. Muy fina, como ven. Es ese punto que tiene la libertad de expresión que a algunos nos hace sangrar los oídos.