La meritocracia de la izquierda

Los propios voceros anti-Inditex son los primeros en saltarse cualquier procedimiento meritocrático cuando alcanzan el poder.

FOTO: Víctor Lerena EFE

El nombramiento de Marta Ortega como presidenta no ejecutiva de Inditex (en realidad, autonombramiento, puesto que en el futuro Marta Ortega será la accionista mayoritaria de la compañía y, por tanto, podrá hacer y deshacer a su gusto) ha sido recibido entre críticas y reproches por gran parte de la izquierda nacional. Se quejan de que la meritocracia ha estado del todo ausente en este caso, a diferencia –se supone– de lo que debería ocurrir en un idílico sistema económico público regido impecablemente por criterios objetivos de mérito y capacidad. Vamos, convertir el acceso a la dirección empresarial en una nueva plaza funcionarial.

El problema no es sólo que las cualidades para dirigir una empresa no pueden hallarse sujetas a parámetros objetivos y cuantificables, sino que además los propios voceros anti-Inditex son los primeros en saltarse cualquier procedimiento meritocrático cuando alcanzan el poder. Recordemos, por ejemplo, cómo el actual Gobierno de PSOE-Podemos ha nombrado, o mantenido en sus cargos, a directivos de empresas públicas (o empresas privadas participadas por el sector público) que fueron colocados con el único mérito de ser militantes del PSOE: verbigracia, José Montilla o José Blanco, como consejeros independientes de Enagás, con un sueldo anual de 160.000 euros; o Maurici Lucena, presidente de Aena, con un sueldo de 168.000 euros anuales; Juan Manuel Serrano (ex jefe de Gabinete de Pedro Sánchez), presidente de Correos, con 199.000 euros anuales; Jordi Hereu, presidente de Hispasat, con un sueldo de hasta 400.000 euros anuales; o Beatriz Corredor, presidenta de Red Eléctrica de España, con un sueldo de 546.000 euros anuales.

Asimismo, recordemos las palabras de Íñigo Errejón instando a los ayuntamientos del cambio a crear redes clientelares en los que colocar a la militancia cuando su partido abandonara el poder: «Hace falta que, para cuando se acaben los ayuntamientos del cambio (…) hace falta que haya una estructura económica autónoma que vaya a permitir pues por ejemplo acoger a buena parte de los cuadros militantes que hoy se están dedicando a los trabajos institucionales. Uno de los dramas de Argentina, al ganar las elecciones Macri, pues lo que ha pasado es que no hay estructura para sostener tanta militancia». Los que quieren parasitar la administración hablando de meritocracia.