Política

Antes de que Soria se muera

La provincia de Soria ha perdido más del 40 por ciento de la población desde la llegada de la democracia

Voy camino Soria, como los de Gabinete Caligari. La ocasión lo merece. Quiero respirar el aire de El Collado y observar el ambiente en el cierre de esta peculiar campaña electoral. Nunca, que se recuerde, se había prestado tanta atención en unas elecciones a esta provincia castellana. La razón no es otra que la comparecencia, con buena acogida inicial, de «Soria, ¡Ya!», una organización ciudadana de amplio espectro que lleva más de veinte años predicando en el desierto y que ahora, al calor de la revuelta de la «España vaciada», ha decidido dar el salto a la política. Esperemos que no sea un salto mortal de funestas consecuencias. Hasta ahora los de «Soria, ¡Ya!» se dedicaban a pedir cuentas a los políticos; a partir del domingo, los sorianos les pedirán cuentas a ellos. Si, pasado un tiempo prudencial, esto no cambia y Soria sigue muriéndose, habrá sido peor el remedio que la enfermedad. Por eso mi madre me recomendaba siempre: «Hijo, no te metas en política».

Por lo pronto, como digo, este cartel local ha puesto a Soria en el mapa y ha inquietado a los partidos clásicos, que ven alterado el reparto de cromos. Nunca se sabe el peso en oro que puede tener en las presentes circunstancias el voto de un procurador soriano en las Cortes de Castilla el día de la investidura. Obligará desde luego a definirse con el riesgo correspondiente. Ya veremos. Los de «Soria, ¡Ya!» cuentan este domingo con el voto efímero del cansancio, de la protesta y la desesperación. En momentos así, de tanto apuro, se recurre a los de casa, a los nuevos, a los «nuestros», a ver qué pasa. Aunque no faltarán sorianos desconfiados, con los pies en la tierra, que prefieran lo malo conocido a lo bueno por conocer. Son los que acostumbran a decir que aquí nos conocemos todos.

El apuro es evidente. La provincia de Soria ha perdido más del 40 por ciento de la población desde la llegada de la democracia. Ocupa el 2,4 por ciento de la superficie nacional y está habitada por el 0,2 por ciento. La mitad de sus municipios cuentan con menos de cien habitantes. Según el último censo, no sólo las aldeas sino también la capital y las principales cabeceras de comarca sigue perdiendo vecinos. Toda la provincia alberga poco más de 80.000 almas envejecidas. A este paso, existe el riesgo de que esta provincia castellana, una de las más hermosas de España, más cantada por los poetas, más cargada de historia y de cultura, se muera, quede administrativamente despedazada y las provincias vecinas se repartan sus despojos.