Crónica de un desastre anunciado

«Pintan bastos. La inflación está en el 9,8% y superará el 10%. Los remedios suponen empobrecimiento. Esta escrito»

FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Estaba escrito. Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE) y Suma Sacerdotisa monetaria europea, quería ser optimista, pero si todo pintaba complicado, la guerra de Putin ha sido la puntilla. Estaba escrito. Sin ir más lejos, en este mismo periódico. El 24 de septiembre de 2021, el suplemento «Dinero & Negocios» de La Razón titulaba en su portada, sobre una imagen de Darth Vader, «El fantasma de la inflación amenaza de nuevo». Y añadía «el gas, la luz y el petróleo disparan sus precios. El transporte mundial tiene dificultades y hay desabastecimiento. Una tormenta perfecta que puede desencadenar la moderna plaga bíblica de la inflación. España, hace medio siglo, casi llegó al 30%. Una catástrofe que hay que evitar». No hacía falta ser profeta. Bastaba con escrutar algunos datos y atender las advertencias de muchos expertos, incluidos algunos del BCE a los que entonces se consideraba alarmistas. La semilla de la inflación, que da frutos con rapidez y exuberancia, estaba sembrada y la guerra de Putin solo ha sido el acelerador –ahora que se habla tanto de aceleradores de empresas virtuales– de una mecha que ya estaba encendida. Es muy posible que los incentivos monetarios y de gasto público fueran imprescindibles para eludir la crisis derivada de la pandemia, pero los efectos secundarios, como los de las vacunas, existen, y la inflación es uno de ellos. Había quienes, optimistas, pensaban que se podían sortear, pero erraron. En España, la inflación está en el 9,8% y pronto superará el 10%. Es una catástrofe que puede empeorar. Alemania, con toda probabilidad, anunciará el jueves que no pagará a Rusia el gas en rublos y eso puede significar que Putin corte el suministro. El resultado es que el desabastecimiento, de cara al buen tiempo, se podrá paliar, pero no el alza de precios, y –prometa lo que prometa el Gobierno dividido de Sánchez– supondrá nuevas subidas de precios y más inflación, ese mal absoluto y el impuesto de los pobres. Pintan bastos y las soluciones son dolorosas y significan empobrecimiento a corto plazo, salvo que se quiera optar por la ruina para más de una generación y para los pensionistas actuales y futuros. Sánchez lo sabe, pero calla. Solo quiere votos. Es duro, pero está escrito. Crónica de un desastre anunciado.