Deconstruyendo Francia (y quizá Europa)

La descomposición del armazón de partidos, identificados más con tesis reconocibles que con impulsos, se intuye como una amenaza real para los estados

Alejandra  Clements

Evocar ahora «Sumisión» de Houellebecq puede resultar tan pertinente como osado. Recurrir a un esbozo de la Francia de las presidenciales de 2022, publicado en 2015, es demasiado tentador para evitarlo porque, aún asumiendo los límites de la ficción y la sutil distancia que media, a veces, entre la lucidez y la fantasía excéntrica, la recreación que alumbró entonces el escritor francés sobre el momento que vivimos aporta elementos suficientes para interpretar algunas claves actuales. Más allá de diferencias y similitudes concretas (que ambas hay, ningún líder islamista moderado aspira a presidir el Hexágono, pero sí una candidata del Frente Nacional alcanza la segunda vuelta), se reconocen dos cuestiones muy reales: la crisis identitaria, ligada a la inmigración, y la desintegración del sistema de partidos tradicionales.

Si el asunto migratorio ha sido central a lo largo de las últimas campañas francesas, la inflación y la edad de jubilación lo han relegado en esta oportunidad al acaparar el debate público por encima, incluso, de argumentos tan sensibles y urgentes como los relativos a la guerra en Ucrania. Y cuando las preocupaciones de los ciudadanos viran, ciertos discursos políticos se transmutan sin rubor: el mejor mensaje pasa a ser, siempre, aquel que saben que se quiere escuchar. En un escenario en el que las estructuras de las formaciones tradicionales se acercan a la irrelevancia, algunos candidatos, cada vez más livianos, superficiales y con menos vínculos, se transforman en meros exponentes de principios que fluctúan a un ritmo tan veloz como el que auguró Marx (Groucho). Nos topamos con poses y espejismos que modulan propuestas y falsean opciones: Le Pen, de repente, apenas recuerda el préstamo que recibió de Putin en 2014 o reconoce que la Unión Europea no encarna al mismísimo Lucifer y renuncia a la salida del club, ahora basta con algún retoque.

La descomposición del armazón de partidos, identificados más con tesis reconocibles que con impulsos, se intuye como una amenaza real para los estados que quedarían reducidos a una especie de seres invertebrados, sin consistencia, amorfos. La falta de confianza en las instituciones y la pérdida de modelos convencionales de referencias claras eclosionan en el retrato de la Francia de hoy que parece adelantar los rasgos de la futura Europa. La pregunta, entonces, nos devuelve a la que ya planteaba Houellebecq en su juego de anticipación. ¿Somos capaces de imaginar cómo estaremos, por ejemplo, en los comicios de 2027? Se admiten novelas.