Ceuta y Melilla en la OTAN

En la Alianza mandan EE.UU y Gran Bretaña: los demás somos comparsa

José Antonio Vera

Nos vende el Gobierno como un éxito la Cumbre de la OTAN y es verdad. Tener estos días en Madrid a 40 jefes de Estado y de Gobierno es un hecho de enorme resonancia mundial. Aunque escenario al margen, el éxito o fracaso de la reunión habrá que buscarlo en sus conclusiones. La realidad es que los asistentes van a centrar mucho el tiro en combatir a Rusia, lo que es normal, y poco en subrayar la amenaza del «flanco sur», que es el que afecta de lleno a países como España, Italia o Francia, como consecuencia del integrismo islamista, la creciente inmigración y, en nuestro caso, las tentaciones anexionistas sobre Ceuta y Melilla. Ya hemos podido comprobar lo fácil que lo tiene Rabat para, si quisiera, organizar un problema mayúsculo en ambas ciudades. En Ceuta entraron en unas horas más de once mil inmigrantes por El Tarahal. En Melilla acabamos de ver con pavor las escenas de este fin de semana con cientos de subsaharianos asaltando la ciudad, ante la impotencia de las fuerzas del orden.

Es obvio que el compromiso solidario de la OTAN, basado en el principio «uno contra todos y todos contra uno», obliga a España a contribuir en la proporción que le corresponde a la defensa de sus miembros allí donde la soberanía está en peligro. Por tanto, tenemos que estar junto al resto de aliados defendiendo a Ucrania de la agresión de Putin, pero también debemos hacer valer nuestros intereses a los demás, ahora que queda claro que una parte del territorio no está a salvo de la agresión, ante la cual la Alianza no se vería obligada a intervenir.

Por desgracia España no supo imponer sus condiciones en el momento de la adhesión a la NATO, en tiempos de Calvo Sotelo. La consecuencia es que Ceuta y Melilla, en la medida en que no forman parte territorial de Europa, no están protegidas por el paraguas de la Alianza. Tampoco después González enmendó este grave error con motivo del referéndum, y a día de hoy seguimos dependiendo de meras palabras a la hora de abordar la defensa de ambas ciudades de un ataque exterior. El problema es que esas palabras pueden volar, máxime si tenemos en cuenta la relación de estrecha amistad que une desde siempre a Marruecos con Estados Unidos. Es poco probable que suceda, pero nunca hay que descartar hipótesis. ¿Defendería el Ejército USA a España en caso de agresión marroquí a nuestras ciudades autónomas?

Sabido es que quien manda en la OTAN es el Pentágono. Y en segundo lugar, Gran Bretaña y los anglo-aliados. Los demás somos mera comparsa. Washington decide y nosotros hacemos lo que se acuerda al otro lado del Atlántico, siempre con Londres en perfecta sintonía. Lo estamos viendo en el conflicto con Rusia, igual que antes en Yugoslavia. De modo que España tiene poco o nada que hacer tanto en un supuesto conflicto por Gibraltar como si el problema lo tenemos con Marruecos por Ceuta y Melilla. Ni en un caso ni en otro la OTAN estaría concernida. Eso debió negociarse en su momento. No se hizo y ahora es tarde. Nadie va a ir más allá de las buenas palabras.