Canela fina | Juan Carlos I y Felipe VI

«Felipe VI ha puesto a la Monarquía por encima de las personas. Juan Carlos I se exilió voluntariamente para mantener la estabilidad de la Corona»

En la democracia pluralista plena de España, en la Monarquía de todos, algunos partidos separatistas, bilduetarras y de extrema izquierda, pusieron en marcha una descomunal campaña contra la Corona. Les amparaba, con todo derecho, la libertad política dentro de la ley. Se trataba de liquidar la Transición y se utilizó como chivo expiatorio a Don Juan Carlos, al que apalearon sin piedad desde algunos espacios de televisión.

La maniobra no iba dirigida en el fondo contra el Rey padre. Se trataba de que Felipe VI saliera a defenderle, instalando a la Monarquía en el debate político. La clave de la utilidad de la Corona en un régimen parlamentario es la neutralidad. Bien aconsejado, Felipe VI eludió embestir la muleta que le tendieron los partidos extremistas y la maniobra quedó en gran parte desarbolada. El Rey puso a la Institución por encima de las personas. Y acertó.

Por su parte, Don Juan Carlos soportó el aguacero de forma elogiable y se marchó voluntariamente al exilio, aguantando la tormenta de injurias y calumnias sin hacer declaraciones, preocupado solo por la estabilidad de la Institución.

Resulta que la Justicia más independiente de Europa, la suiza, encarnada por un fiscal de izquierda radical, Yves Bertossa, tras varios años de investigación intensísima, ha exonerado a Don Juan Carlos de cualquier indicio de delito. Resulta que la Justicia española, atizada por una fiscal también de izquierda radical, Dolores Delgado, tras investigar exhaustivamente los 8 años en que la inviolabilidad constitucional no amparaba al Rey padre, le exoneró de cualquier indicio de delito. Y estamos a la espera de ver en qué terminan las denuncias particulares de una hetaira despechada que quiere sacarle a Don Juan Carlos dinero.

Carlos Espinosa de los Monteros ha escrito un artículo admirable. Juan Carlos I ha encarnado uno de los cuatro grandes reinados de la Historia de España, junto a los de Carlos I, Felipe II y Carlos III, y se merece respeto y reconocimiento. Su padre, Juan III soportó, por cierto, durante décadas la más gigantesca campaña antimonárquica de nuestra Historia, protagonizada por la Falange de Franco. Supo superarla siempre al servicio de los españoles, manteniendo el objetivo sustancial de la Monarquía en el exilio: devolver al pueblo la soberanía nacional secuestrada en 1939 por el Ejército vencedor de la guerra incivil.