Restringido

Empieza la campaña

La Razón
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La tragedia de París y el desafío catalán han suspendido durante unos días el fragor de la batalla electoral en España. Pero, sin perder de vista esas dos amenazas que obligan a estar vigilantes y hacer frente a tales retos con decisión y cautela, uniendo fuerzas y coordinando operaciones, vuelve a abrirse paso, impetuosamente, la campaña electoral. Estamos a un mes de la importante cita con las urnas. Todo el mundo está convencido de que las elecciones del 20-D abrirán en España un nuevo ciclo político. Veremos. Desde luego, la irrupción de dos nuevas fuerzas van a reajustar el mapa limitando el habitual reparto bipartidista, pero su alcance está aún por ver. En cierta medida nos encaminamos hacia un terreno desconocido no exento de paisajes ilusionantes y de riesgos inesperados. Los dos sucesos, que aún gravitan sobre nosotros, la amenaza separatista de Cataluña y la creciente amenaza del terrorismo islámico, pueden influir decisivamente, aunque los actores principales no lo pretendan, en el resultado de las urnas. Hoy, en estos tiempos oscuros, los valores que cotizan más alto son los de unidad y seguridad. Ante un panorama poblado de serias amenazas, los votantes se inclinan por lo seguro. Eso suele pasar. (Por cierto, ¿qué seguridad ofrecería hoy a los catalanes un Gobierno independiente, desligado de Europa y de todas las organizaciones internacionales, sin Defensa ni apenas Fuerzas de Seguridad en condiciones, indefenso ante un ataque yihadista?). Creo que en España la grave situación favorece el statu quo más que el cambio. Los nuevos partidos políticos se han visto obligados a acomodarse con más o menos reflejos a esta nueva situación. A Ciudadanos le ha costado menos que a Podemos, tanto en el caso catalán, donde lleva tiempo defendiendo la posición española, como en la lucha antiterrorista. Le ha faltado tiempo a Albert Rivera para solicitar su ingreso en el pacto de los dos grandes partidos. Su problema es otro: el gran número de infiltrados y ambiciosos, que le está obligando ya a hacer limpia de concejales y otros cargos elegidos con el carné de C,s en la boca. Y lo que te rondaré, morena.Tanto en el caso catalán como en el otro, a Podemos se le ve menos seguro, más titubeante, guardando equidistancias para contentar o al menos contener a las bases -no al pacto antiterrorista, sí al derecho a decidir de los catalanes- mientras ficha a un general de cuatro estrellas, un juez conocido y algunos respetables catedráticos para ocupar lugares destacados de sus listas y ganar así confianza y respetabilidad. Lo malo es que estos y otros aterrizajes en las listas, decididos a dedo por la «nomenclatura» han soliviantado a las bases, y la conocida ya como «la crisis de las listas» ha estallado nada menos que en Cataluña, País Vasco, Andalucía y puede que esté a punto de hacerlo en Aragón, donde el general no ha sido bien recibido. Pablo Iglesias está contra las barbas impasibles de Rajoy, las «barbies» de Rivera y la «sonrisa profidén» de Sánchez. No sé si él está contra las cuerdas. Empieza la campaña en serio.