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Homenaje en Barcelona

Tiempo de lectura 4 min.

09 de septiembre de 2017. 23:05h

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Josep Ramón Bosch 9/9/2017

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Justo Bueno fue un obrero metalúrgico anarquista, jefe de los «Servicios de información de la CNT» y dirigente del grupo de acción «Los Solidarios» junto a Durruti y Ascaso, con los que participó de las aventuras por tierras sudamericanas. Detenido en abril de 1933, bajo la acusación de atraco, saltó a la fama por su participación en el asesinato de los hermanos Badía en Barcelona. Justo Bueno lideraba el principal grupo de pistoleros ácratas de Barcelona, entre los que se encontraban Horacio Ripoll, Vicente Torné y un numeroso grupo de argentinos encabezados por Lucio Ruano, un liberado de la CNT y que en realidad se llamaba Rodolfo Prina. Ruano lideró la lucha contra los militares sublevados en Barcelona y sustituyó a Durruti, tras su muerte a manos de sus compañeros, y al tomar posesión de la «Columna Durruti» mandó fusilar a dos milicianos para dejar bien clara su autoridad. Acusado por dirigentes anarquistas de crímenes, despotismo y robo, el argentino fue ajusticiado por Justo Bueno en un garaje de Barcelona el 15 de julio de 1937, junto con su hermano y sus mujeres. Justo Bueno tuvo decenas de encargos para eliminar a rivales políticos, entre ellos asesinar a los hermanos Badía –una petición del presidente Companys para saldar viejas cuentas amorosas–, eliminar al periodista Josep María Planes, al policía Jaume Vizern –investigador del crimen de los Badía–, al aviador francés Jean-Marie Moreau –que pretendía vender aviones a la república– y participó en la represión del verano del 36, asesinando a los oficiales detenidos en las Atarazanas al grito de: «Así Hace justicia el pueblo».

Justo Bueno fue el delegado de orden público de la «Columna Durruti» y en Gesa asesinó a 29 personas de la derecha local. Era según lo describen: «Extraño militante, fue a la vez brillante, cautivador, generoso, radical y tenebroso asesino, violento y ejecutor de los trabajos sucios». Fue comisionado por la CNT, en el verano de 1938, para acabar con la vida de Antonio Ortiz, antiguo jefe de la 25 División, y Joaquín Ascaso, presidente del Consejo de Aragón, ambos huidos a Francia bajo la acusación de robo y traición. No consumó la acción, aunque los envenenó con arsénico proporcionado por la compañera de Durruti. En 1939 se refugió en Francia y regresó a Barcelona en 1940, trabajando en la «Maquinista», con buenos contactos con la NKDV soviética y con el espía Kim Philby, intentó atentar contra el General Franco. Fue reconocido casualmente en la calle por el inspector Pedro Polo Borreguero, jefe de la «Brigada Político-Social», y que estuvo bajo las órdenes de Miquel Badía.

Justo Bueno fue juzgado y ajusticiado en el campo de la Bota en febrero de 1944. Justo Bueno figura con todos los honores en una de las columnas de los inmolados por las libertades de Cataluña que preceden la entrada en el Fossar de la Pedrera de Monjuic, en nombre de la memoria histórica. La gente a la que asesinó ha sido borrada de la memoria.

Justo Bueno, ni fue justo ni fue bueno, fue un asesino. Cualquier día le dedicarán una calle en Barcelona, ciudad en la que mandan gentes que prefieren homenajear a los asesinos que a sus víctimas.

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