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Indiferencia

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22 de mayo de 2019. 23:17h

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Cástor Díaz Barrado 22/5/2019

Los acontecimientos se suceden día a día en las relaciones internacionales sin que se perciba, con nitidez, qué es lo que está verdaderamente pasando. Es probable que los intereses nacionales de los Estados se estén trasladando, más que nunca, al ámbito internacional y que las decisiones que adoptan las grandes potencias y otros Estados estén orientadas, en realidad, a satisfacer calladamente a las opiniones públicas internas. El giro en las relaciones entre Estados Unidos e Irán en una cuestión tan trascendental como la cuestión nuclear tiene una gran importancia así como las posiciones más radicales de la primera potencia, por ahora, en relación con América Latina. Todo parece indicar que se está imponiendo, sin saberlo, la diplomacia china en un entorno en que suceden grandes cosas sin que se adviertan. Existe un profundo silencio en la comunidad internacional en una atmósfera de ruidos de distracción. La “guerra comercial” entre China y los Estados Unidos no moviliza a la opinión pública ni tan siquiera a los más directamente afectados. Las maniobras o, al menos, la exhibición militar en el Golfo Pérsico se percibe como anécdota. Los conflictos en el norte de África, como el de Libia o en Oriente Próximo, como el de Siria, parece que sólo importan a los expertos en las relaciones internacionales, sin que tengan traslado, en estos momentos, a la opinión pública internacional. Los flujos migratorios se han convertido en una expresión sin que se identifiquen ni se quieran conocer las causas ni las soluciones. Lo que acontece en Ucrania, principalmente en el este del país, no quiere incluirse en la agenda internacional. Todo es indiferencia. No existe la voluntad de establecer un marco estable de convivencia y, desde luego, se han hecho imprecisas las reglas que deben regir las relaciones internacionales. Esta calma intensa y ambigua que se vive en la sociedad internacional debe responder a algún propósito o estar motivada por intereses que desbordan el sentido común. No sólo existe indiferencia de la opinión pública internacional sino que, además, se acepta plenamente.

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