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La emoción mueve montañas

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Tiempo de lectura 4 min.

24 de julio de 2018. 01:35h

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Tomás Gómez 24/7/2018

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Hay quien opina que la política son emociones y no le falta razón. La favorita era la Sra. Sáenz de Santamaría, partía con una buena valoración en las encuestas, reputación de trabajadora, seria y solvente, y en la campaña ha intentado encarnar una opción ideológicamente transversal, como respuesta a la crisis electoral que vive el PP.

Pero su displicencia en las distancias cortas con próximos y ajenos, su sectarismo interno contando con un reducido número de colaboradores, un elenco de damnificados, algunos tan poderosos como el Sr. Feijóo y, sobre todo, representar la continuidad del Sr. Rajoy, provocó una alianza negativa en su contra.

El Sr. Casado no tiene mucho curriculum vitae, pero ha demostrado dos cosas, su enorme ambición y su capacidad para sobrevivir a todas las circunstancias. Ha demostrado sobradamente su camaleonismo político acoplándose bien al aznarismo, al aguirrismo, al marianismo y hasta al cristinismo de la Sra. Cifuentes.

Muchos opinan que el Sr. Casado es demasiado conservador como para representar una opción que pueda ganar las elecciones porque será rechazado por los votantes más moderados. Argumentan que una cosa es ganar dentro de un partido político y otra, bien distinta, hacerlo fuera.

Además, el Partido Popular no lo ha hecho bien en las elecciones primarias,con la guerra sucia entre candidatos, el escaso número de afiliados reales y la división interna entre familias ideológicas.

La lógica indica que los conservadores deberían haber salido dañados de este proceso y que sus competidores directos, Ciudadanos, así como su adversario principal, el PSOE, deberían ser los beneficiarios.

Sin embargo, en el Congreso de los populares algo cambió. En el ánimo de afiliados y dirigentes se ha instalado un sentimiento de optimismo y orgullo a la vez.

El PSOE vivió algo similar en su XXXV Congreso Federal con el presidente Zapatero. Los socialistas vivían una crisis muy profunda después de la pérdida del gobierno en 1996 y del desastre interno con la dimisión del Sr. Borrell y la derrota del Sr. Almunia. El Sr. Rodríguez Zapatero no era el favorito, pero ganó sumando a todos los que no estaban dispuestos a que el Sr. Bono dirigiese el Partido Socialista.

Entre los socialistas, se ha convertido en mítico el comienzo del discurso con el que el Sr. Zapatero ganó el conclave, aquel “no estamos tan mal” sintetizó un cambió en el estado de ánimo de todos los allí presentes y la emoción movió una enorme montaña.

El Sr. Casado es demasiado listo y ambicioso como para no modular su discurso ante la sociedad. Ya se ha ganado al sector más conservador de la sociedad pero sin sufrir el rechazo de los votantes más centristas. Sus maneras educadas le ayudan a forjar un perfil de simpatía y su parecido físico con el Sr. Rivera le ofrece un arma letal contra él.

Aunque muchos no lo vean hoy, este fin de semana no solo ha perdido la Sra. Sáenz de Santamaría, el PSOE ha dejado atrás su oportunidad de ventaja sobre los demás.

De haber, el Sr. Sánchez, anunciado una convocatoria anticipada de elecciones generales, hubiese pillado a traspiés al PP, y entonces es posible que la Sra. Sáenz de Santamaría hubiese ganado las primarias y el Partido Socialista las elecciones, porque los votantes nunca han querido a los ex vicepresidentes de gobiernos erosionados.

Ahora, el Sr. Casado tiene un par de años por delante, su estrategia será intentar aglutinar todo el voto conservador y que el PSOE se cueza entre podemistas e independentistas. Si el Sr. Sánchez no percibe el peligro que representa el nuevo líder popular, cometerá su segundo error estratégico.

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