Momento mute

Ayer tuve la suerte de participar en una experiencia única que recomiendo a todos porque sus beneficios los notaríamos como sociedad y como individuos. La Fundación Telefónica, empujada por la idea de que el ruido es uno de los principales enemigos del pensamiento y uno de los principales obstáculos para poder concentrarse y tener ideas que nos permitan progresar, encerró – bajo propio consentimiento- a cuatro escritores en un cubo de cristal insonorizado ubicado en una de las plazas más bulliciosas de la ciudad, en la Plaza de Callao, un nombre que no sé si fue buscado o encontrado por casualidad, pero quedó que ni pintado. Durante dos horas estuvimos escribiendo en silencio, creando un relato, intentado demostrar que cuanto más ruido menos ideas.

Vivimos un tiempo en el que no paramos de escuchar demasiado ruido, un bullicio de voces, gritos, insultos y declaraciones sobre cualquier tema, muchas de ellas desafortunadas, hipócritas e innecesarias, que solo contribuyen a ensuciar el ambiente y que, lejos de aportar y sumar, no hacen más que enturbiar. Quizá sería bueno respirar hondo y darle una oportunidad al silencio. Nos ayudaría a pensar, a poner en claro nuestras ideas y así poder convertir el fanatismo en debate serio, en diálogo sensato y en discusión democrática. Cambiar el sonido del sentido común por el ruido de la sinrazón. Que el silencio hable, que el ruido calle un poco, aunque sea por unos minutos. Quizá así se aclararían muchas cabezas, empezando por las nuestras. No es necesario encerrarse en un cubo de cristal para crear y pensar con claridad. Se puede hacer en casa y es gratis. Y eso, hoy en día, ya es mucho.