MENÚ
miércoles 14 noviembre 2018
04:55
Actualizado

La moción de Sánchez castiga a España

Tiempo de lectura 4 min.

30 de mayo de 2018. 04:02h

Comentada
30/5/2018

La inestabilidad política de Italia, abocada a unas nuevas elecciones de incierto resultado, y la presentación de la moción de censura contra el Gobierno impulsada por el secretario general socialista, Pedro Sánchez, se han combinado en forma de tormenta financiera perfecta, con momentos de auténtico pánico en el parqué madrileño, con el Ibex desplomándose hasta un 3 por ciento, aunque luego moderó la caída hasta el 2,49, y la prima de riesgo en 134 puntos, que no se veía desde mayo de 2017. El problema es que estas cifras, que al común de los ciudadanos se le escapan en su magnitud, siempre acaban por traducirse en nombres y apellidos, al menos, los de los 21.000 empleados que se quedarán sin trabajo por cada décima de PIB perdido. Causa asombro dolorido que la sociedad española, después del enorme esfuerzo realizado para superar los efectos de una de las peores crisis de la historia reciente, se vea de nuevo zarandeada por las turbulencias económicas y financieras de una decisión claramente partidista, sin justificación real, por cuanto traslada antiguas responsabilidades, algunas de más de una década, a un Gobierno que, por el contrario, ha llevado a cabo una notable labor legislativa para reforzar la batalla contra la corrupción. Una economía que llevaba once trimestres ininterrumpidos creciendo por encima del 3 por ciento en tasa interanual, con una hacienda que había conseguido financiarse a tipos de interés medio del 1,5 por ciento –por cada punto de más en la prima de riesgo se pagan 2.000 millones de euros extra en intereses– y que empezaba a reducir el déficit público no debe volver a instalarse en el terreno de la desconfianza por una maniobra tacticista que, en el mejor de los casos, lleva a un Gobierno en absoluta minoría y a merced de los mismos populismos que han operado en Italia y Grecia, y, en el peor, a la prolongación de la incertidumbre como fruto de una lucha de egos entre dirigentes. Hay que insistir en lo dañino para los intereses generales de la actuación de Pedro Sánchez, entre otras razones, porque aunque salga derrotado en la moción, algo que no se puede descartar, ha abierto un período de inestabilidad de duración imprevisible. Esto es así porque los mercados financieros internacionales, como ha demostrado LA RAZÓN en sus análisis publicados el pasado domingo, también penalizan los bloqueos institucionales y sus consecuentes apelaciones a las urnas. En la crisis política de 2016, el «no es no» de Pedro Sánchez restó, según el Banco de España, cuatro décimas al PIB. Pero es que, además, el inevitable frenazo a la recuperación contrasta negativamente con los favorables datos económicos que había arrojado el primer trimestres de este ejercicio, que ayer hizo públicos el Ministerio de Hacienda, que demuestran la reactivación de la actividad en España. Así, entre enero y abril, los ingresos fiscales del Estado se habían incrementado en un 9,3 por ciento, con el IVA, el Impuesto de Sociedades y el IRPF con subidas por encima del 9,7 por ciento. Incluso la Seguridad Social experimentaba un superávit del 0,16 por ciento, gracias al aumento de las cotizaciones. Buenos datos que no se producen por azar y que permitían afrontar con cierto optimismo los pronósticos de desaceleración de la economía internacional, afectada por la subida del petróleo y, en el caso de la Unión Europea, por el anuncio de la retirada de los estímulos financieros del BCE. En definitiva, que España, de una manera absurda e innecesaria, por el oportunismo de un dirigente socialista que ha obtenido los peores resultados electorales para su partido desde la recuperación de la democracia, puede dejar de ser un motor del crecimiento de Europa para volver a la condición de «enfermo».

Últimas noticias