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Una solución para el tren a Extremadura

Tiempo de lectura 4 min.

02 de enero de 2019. 22:03h

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2/1/2019

Las últimas incidencias sufridas por 163 pasajeros en el tren que conecta Badajoz con Madrid ha vuelto a dejar al descubierto las deficiencias en el transporte ferroviario en Extremadura. Lo que en condiciones normales es un trayecto de seis horas –de por sí ya excesivo para una distancia de cuatrocientos kilómetros–, se prolongó once. En esta ocasión, la causa fue una avería y una sucesión de errores e improvisaciones que dejaron a los viajeros en la oscuridad de la noche sin solución posible. Una situación que es incompatible con que España cuente con la mayor red de AVE por habitante, aunque no la más utilizada. Pero no es nuevo. Desde hace años vienen sucediéndose incidentes de este tipo, de mayor o menor gravedad –una locomotora se quedó sin gasoil, otra se incendió...–, pero lo que ha llevado a una crisis de clara solución y sin añadidos políticos que lo complique –que no es poco– en una situación mucho más complicada que el problema objetivo. Tiene una razón: los usuarios ya no confían en el tren como medio de transporte fiable en Extremadura. Siguiendo una ecuación comercial conocida, la situación puede resumir así: cuanto peor es el servicio, más desciende el número de usuarios. Y cuanto menos viajeros demandan el tren, menor es el gasto en su mantenimiento. El ferrocarril perdió en un año en Extremadura más de 35.000 usuarios, según datos de 2017. Lo sucedido, por lo tanto, entre el pasado día 1 y 2 es un fiel reflejo a este hecho. Por lo que el futuro, si no se pone remedio, puede pasar por el abandono del servicio a base de su deterioro. Es lógico que los ciudadanos extremeños y la Junta consideren que es una situación insostenible, que se están corriendo riesgos de seguridad innecesarios y que debe darse una solución, primero a corto plazo, y también cara al futuro de las comunicaciones ferroviarias en la región. Las críticas se han dirigido de manera directa a Renfe, de quien depende la gestión de la circulación y el mantenimiento de los trenes, causa principal de los últimos fallos. La situación viene de lejos y no es imputable exclusivamente al actual Gobierno; hay una responsabilidad conjunta de la Administración porque las inversiones en este terreno son caras y lentas y deben estar acordadas bajo una política de infraestructuras de Estado. Durante años se impuso la idea de que el AVE era la solución para el ferrocarril del futuro, que era un símbolo de progreso y, por lo tanto, toda capital tenía que tener una estación. Sin embargo, se olvidaba lo fundamental: que la red convencional debía estar en perfecto estado y contar con trenes adecuados y modernos. Además de AVE, hay trenes de cercanías –que es el que más pasajeros tiene– y de mercancías. Extremadura renunció al AVE a cambio de un tren rápido que empezaría a funcionar en 2015 y comunicaría Badajoz y Madrid en tres horas y media. Los plazos no se han cumplido, pero el proyecto continúa. Por contra, se marcó 2020 como fecha para la electrificación de la red: Extremadura es la única comunidad autónoma sin un solo kilómetro de línea férrea electrificada. La opción de la Línea de Alta Velocidad (LAV) Madrid-Extremadura es la que está más avanzada, de hecho el 85% de las obras de la línea entre Badajoz y Plasencia ya está acabada y en el resto de tramos pendientes los trabajos ya se han iniciado. Según Adif, esta es la primera fase de la conexión de Extremadura a la red de alta velocidad, o lo que es lo mismo, la plataforma del AVE entre Badajoz-Plasencia con el objetivo de conectar con la frontera de Portugal. Es sintomático que todos las administraciones y políticos de todos los colores reconozcan que la situación es insostenible. Ahora es el momento de remediar los errores cometidos.

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