
Sin Perdón
Sánchez acepta las condiciones de Junts
«La cuestión de confianza es una cesión dura, pero se tendrá que armar de paciencia»
La noticia es muy simple. No hay que darle más vueltas. Es una derrota clara y contundente de Sánchez. Es cierto que La Moncloa está intentando construir un relato para que creamos que no ha sido así. La realidad es que dijo que no iba a trocear el decreto ómnibus y ha tenido que hacerlo. No entiendo por qué se metió en ese charco cuando sabía que Junts mantendría su posición. No hay más que constatar la reacción eufórica de sus dirigentes. Me gustaría saber por qué no son capaces de tener un canal de comunicación eficaz. Cualquier otra interpretación que se haga sobre lo sucedido es caer en un voluntarismo que no hace más que perjudicar la imagen de Sánchez. Tras este nuevo fracaso, Puigdemont sabe que aceptará cualquier exigencia que le presente. No solo incluye en el nuevo decreto-ley las cuestiones que Junts está dispuesta a votar, sino que se tramitará la proposición no de ley para que Sánchez se someta a una cuestión de confianza. Es cierto que su aprobación o rechazo no tendrá ningún efecto, pero es una humillación.
Lo que está sucediendo muestra cómo será el resto de la legislatura. Es muy difícil gobernar con unos Presupuestos prorrogados y perdiendo votaciones en el Congreso. Por supuesto, en temas como la subida de las pensiones u otros asuntos sociales podrá conseguir su aprobación, pero el precio que tendrá que pagar a Junts será muy elevado. Es algo tan evidente que no puede ser escondido por la propaganda gubernamental y está el BOE, además, para recogerlo. Por supuesto, la izquierda política y mediática se dedica a insistir en la «irresponsable votación del PP», aunque no se atreven a criticar a Puigdemont, no sea que se enfade y les dé nuevos disgustos. No sé si habrán aprendido la lección, porque es muy simple. No tiene mayoría absoluta y no puede comportarse como si la tuviera. Es algo evidente, pero le habrán dicho que no se preocupe, que Junts acabará dando su brazo a torcer. Ahora ya sabe que no es así. La segunda lección es que no existe una mayoría de izquierdas. Por tanto, no puede poner en marcha la agenda radical que quieren sus socios de coalición. La cuestión de confianza es una cesión dura, pero se tendrá que armar de paciencia.
Francisco Marhuendaes catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
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