“Coronavirus: besos con codos o la selección de la especie”

La hecatombe sanitaria que estamos sufriendo puede abrir la puerta a la tentación de seleccionar pacientes en virtud de la edad

La hecatombe sanitaria que estamos sufriendo puede abrir la puerta a la tentación de seleccionar pacientes en virtud de la edad
La hecatombe sanitaria que estamos sufriendo puede abrir la puerta a la tentación de seleccionar pacientes en virtud de la edadPatrick SemanskyAP

La hecatombe sanitaria que estamos sufriendo puede abrir la puerta a la tentación de seleccionar pacientes en virtud de la edad, como se hace en otros países, según hemos sabido por boca de un médico holandés. Se empieza por la edad. ¿Qué será lo siguiente? ¿Sexo? ¿Nivel de renta? ¿Ideología? Un planteamiento que suscita la alarma de una amplia mayoría social que está enfrentando esta crisis como Fuenteovejuna. Todos somos uno y aquí no sobra nadie.

Un concepto de salud y vida que no se comparte ni se entiende porque en España nos hemos dado un tejido sociosanitario de primer nivel clínico y humano, público y privado, que cuida y atiende a esas personas que supuestamente «ya no valen», cuando tienen el derecho legítimo a vivir con la calidad de vida que se merecen.

Miles de residencias y pisos tutelados de nuestro país se ocupan de que así sea. Tal es el caso de los pisos para personas con enfermedad mental que forman la Asociación de Iniciativas Sociales (Aiss) o la Residencia La Santina, para personas mayores dependientes o grandes dependientes. Dos ejemplos en pleno corazón de Madrid, entre otros tantos, donde han creado un hogar para estos pacientes que cuidan y protegen con mimo. Lugares que en estos momentos están contribuyendo a aliviar la presión asistencial porque crearon sus propios protocolos de actuación mucho antes de que el coronavirus fuera «algo que ocurrirá a tres o cuatro».

Reforzaron la profilaxis, introdujeron pequeñas modificaciones en sus rutinas para que sus pacientes tuvieran tiempo y capacidad de asimilarlos de acuerdo a su situación cognitiva. Por ejemplo, comentar en los talleres las noticias sobre coronavirus, explicándoles la necesidad de sustituir los besos por choque de codos. Hacerles ver que es mejor que solo haya un cuidador confinado en el piso tutelado para minimizar el riesgo de contagio y preservar, también, la salud de sus profesionales. O que la mascarilla es una aliada más. Unas medidas que tampoco entendían las familias y que ahora son parte de su vida.

Hoy, la videollamada con las familias y el personal sociosanitario es un hábito. Se toma la temperatura a los residentes casi cada hora. Se vigila que el confinamiento no suponga una carga psicológica adicional.

Sin ayuda pública

Estas pequeñas residencias y pisos tutelados no reciben ningún tipo de ayuda pública. Viven exclusivamente de los recursos de las familias, que están muy agradecidas porque sus seres queridos continúan su vida como antes. Con la garantía de que no estarán al albur de la tentación de ser seleccionados porque su edad, o sus capacidades, no son las «idóneas». Porque alguno podría pensar que es el camino más corto para resolver una crisis cuya gestión le viene grande.

Mientras algunos dan vueltas a esta «idea», familias y pacientes se abrazan a través de Facebook Live.

España es un gran país formado por muchas personas cuya fortaleza no es comparable con nuestro fabuloso Amancio Ortega, pero que, con su iniciativa, han creado un tejido sociosanitario y una cultura de país que se resiste a «seleccionar para acabar» y que prefiere «sumar para seguir siendo».