Los hospitales piden a los sanitarios que no dejen vacaciones para septiembre por temor al virus

Los gerentes quieren a sus plantillas al completo cuando bajen las temperaturas y cuentan ya con planes para triplicar las UCIS en cinco días

Primer dia laborable de confinamiento en la comarca del Segrià
El hospital Artau de Vilanova, en Lérida, en el primer día laborable del confinamientoRamón GabrielEFE

Las autonomías han comenzado ya a poner en marcha planes de contingencia en previsión de que el coronavirus vuelva con fuerza tras el verano, con el descenso de las temperaturas. A diferencia de lo que sucedió en febrero y marzo, cuando nadie del Ministerio de Sanidad les avisó de la peligrosidad del Covid-19 y del impacto que podía causar en la asistencia sanitaria, las consejerías de Salud de las comunidades cuentan ahora con información precisa de cuál sería la población más vulnerable, de los servicios asistenciales que deberían reforzarse en tiempo récord para prestar asistencia a otra avalancha de pacientes, y del cóctel explosivo que podría formarse si la nueva enfermedad golpea a la población al mismo tiempo que el virus Influenza, causante de la gripe.

De entrada, algunas regiones han decidido movilizar lo antes posible a todos los profesionales sanitarios en previsión de que los brotes aislados que ahora se están produciendo en áreas localizadas se generalicen y el virus vuelva a circular libremente con la llegada del frío, como sucedió durante el estallido de la pandemia, algo que, no obstante, no se espera que se produzca en septiembre, sino más adelante.

Según ha podido saber LA RAZÓN, territorios como, por ejemplo, Madrid, han pedido a médicos, personal de enfermería y el resto de los trabajadores sanitarios y no sanitarios que, en la medida de lo posible, circunscriban sus vacaciones a los meses de julio y agosto y procuren dejarse los menos días libres posibles para septiembre, mes en el que no habría otro estallido, pero en el que sí podría empezar a producirse un cambio de tendencia en la lucha contra la enfermedad.

El mensaje se lo transmitió la Consejería de Sanidad a numerosos gerentes hace dos semanas, aunque sin formalizarlo a través de una instrucción reglada, porque cada hospital cuenta con una cierta autonomía para organizar sus servicios en función de la demanda que recibe, la presión asistencial que soporta, las características de la población que atiende y el personal con el que cuenta.

Fuentes sanitarias han asegurado a LA RAZÓN que algunos centros han optado por seguir a rajatabla esas instrucciones verbales, concentrando las vacaciones de sus trabajadores durante los meses de julio y agosto, y otros han decidido en cambio espaciarlas algo más, pero con condiciones. En concreto, varios hospitales han pedido a sus trabajadores que concentren al menos un 66% de sus días de descanso durante el mes que está en curso y agosto, limitando a un máximo del 33% en septiembre el resto de días libres.

El objetivo es que las plantillas estén ya casi a pleno rendimiento en el inicio de curso como medida de precaución ante lo que pueda suceder más adelante y para afrontar un importante aumento de la actividad dirigida a aminorar las listas de espera, agigantadas en el estado de alarma.

Como se recordará, durante los meses de marzo, abril, mayo y parte de junio los hospitales se volcaron en la atención de los pacientes con Covid-19, relegando a un segundo plano la actividad programada no urgente. La idea de los hospitales es aligerar esa lista pendiente lo máximo posible antes de que el virus vuelva a coger fuerza, si es que finalmente lo hace, como parece previsible.

Los planes de verano que han puesto en marcha los hospitales no se ciñen sólo a la reorganización de las vacaciones de su personal, sino también a la identificación de las especialidades en las que es más acuciante reducir las listas de espera y a mantener preparados todos los recursos en caso de que sea necesario utilizarlos si la Sanidad vuelve a tensarse de nuevo. En este sentido, todos los hospitales de la comunidad cuentan con un plan de ampliación –también llamado de elasticidad– de las Unidades de Cuidados Intensivos (UCIS) para la atención de los enfermos de Covid-19 en estado crítico, en línea con la petición que hizo el Ministerio de Sanidad para permitir que Madrid avanzara de la fase 0 a la fase 1, dentro de la desescalada.

Fuentes sanitarias explican que la aplicación de este plan permitiría multiplicar por tres en menos de cinco días el número de camas de críticos, transformando a toda marcha algunos espacios que ahora se emplean para otros fines. Es el caso, por ejemplo, de zonas como los bloques quirúrgicos, la de aislamientos, las unidades especiales de neumología, las áreas de despertar y recuperaciones o, incluso, hasta pediatría.

En estos momentos, según las mismas fuentes, bastantes hospitales de la comunidad no tienen ingresado a ningún paciente de Covid-19 por el efecto del distanciamiento social y la menor carga viral del patógeno, y los gerentes creen que un fuerte repunte en otoño no les cogería por sorpresa, como ocurrió en marzo. Las mismas fuentes aseguran, sin embargo, que el mayor peligro de colapso se produciría si hubiera coincidencia temporal entre un pico de coronavirus y otro de gripe común: «El sistema volvería a tensarse», afirman.