Las «cuatro» reglas de oro de la prevención de la Covid-19

Si comparamos los datos de la pandemia de septiembre y octubre, parece mentira que todavía tengamos que asistir diariamente a la gran irresponsabilidad de algunos jóvenes, y no tan jóvenes con una media de 40-45 años durante este pasado fin de semana, que no cumplen las normas mas esenciales para prevenir el contagio del coronavirus.

En solo un mes, el número de casos ha pasado de los 306.330 a los 416.400 (un incremento del 35%); el número de pacientes ingresados en los hospitales, de 16.098 a 24.188 (un aumento del 50%); el número de pacientes ingresados en UCI, de 1.294 a 2.011 (un 55% más); y el número de personas que han fallecido han pasado de los 2.697 a los 4.087 (un incremento del 51%).

En números absolutos, una media de 130-140 personas fallecen cada día por la Covid-19; es como si cada día se estrellara un avión y los irresponsables siguen poniendo en peligro su vida, la de sus familias y la de todos, algo que desde luego debería considerarse como un auténtico «delito contra la Salud Pública».

Desde el principio de la pandemia hemos insistido todos en las conocidas como «las tres reglas de oro de la prevención»: la adecuada higiene de las manos, con gel hidroalcohólico o con agua y jabón; la distancia física de seguridad de 1.5 a 2 metros; y el uso de la mascarilla eficaz y bien ajustada, tapando la nariz y la boca.

Pero desde hace ya más de dos meses, cada vez son más los investigadores que nos vienen avisando de que los aerosoles son la fuente más importante de contagio. Por fin, lo estudios realizados por el doctor José Luis Jiménez, catedrático de bioquímica zaragozano que trabaja en la Universidad de Colorado, en EE UU, son aceptados, aunque tímidamente, por la OMS y por las autoridades sanitarias que ya incluyen esta fuente de contagio en el último consenso del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud y que recogen en el documento de «Actuaciones de respuesta coordinada para el control de la transmisión de Covid-19», en el que ya aconsejan ventilar todos los espacios interiores.

Hoy sabemos que los aerosoles, que son las finas partículas que expulsamos al respirar y al hablar y que quedan suspendidas durante tres, cuatro horas en el aire, constituyen el 75% de los contagios, por lo que se hace imprescindible concienciar a toda la población, incluidos nuestros políticos, de la importancia que tiene ventilar todos los espacios cerrados, como las aulas en los colegios y las universidades, en casa, en los bares, restaurantes, iglesias, supermercados, peluquerías, etc.

Con un sencillo medidor de partículas de CO2 podemos saber si el aire que respiramos puede estar contaminado, lo que significa que existirán coronavirus en los aerosoles que respiramos. La solución será ventilar todos los espacios interiores, pero desde luego que no es aconsejable que nuestros niños en los colegios tengan que ir con abrigo o que puedan resfriarse al tener que abrir las ventanas, porque existen purificadores de aire que tienen en su estructura interior filtros HEPA, fundamentales para que el aire del interior alcance una seguridad del 99,99%, libre de coronavirus.

Por ello debemos modificar nuestro mensaje divulgativo en todos los medios de comunicación social y hablar ya de «las cuatro reglas de oro de la prevención»:

1- higiene de las manos;

2- distancia física de seguridad;

3- mascarillas eficaces;

4- ventilación eficaz de todos los espacios interiores.