¿Y si las mascarillas actúan como una vacuna contra el coronavirus?

Un estudio apunta a que llevar mascarilla puede conseguir la inmunidad grupal

En nuestro país, el uso de mascarillas es obligatorio desde el pasado mes de mayo para proteger a las personas de nuestro entorno ante un posible contagio por covid-19. Las mascarillas sirven como barrera para evitar la dispersión del virus cuando una persona estornuda, tose o habla. Y de ahí que algunas comunidades autónomas hayan prohibido el uso de aquellas provistas de válvula exhalatoria, salvo para los profesionales, y recomienden las higiénicas o quirúrgicas.

Ahora bien, un nuevo estudio publicado recientemente en la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine se pregunta: “¿Puede ser el uso de mascarilla una vacuna rudimentaria hasta que tengamos una vacuna real?”

Según los autores del informe “es posible que uno de los pilares del control de la pandemia de COVID-19, el uso generalizado de la mascarilla, pueda reducir la gravedad de la enfermedad en personas afectadas y garantizar que las nuevas infecciones sean asintomáticas”.

La profesora Monica Gandhi de la UCSF (Universidad de California, San Francisco), explica la teoría: El uso de mascarilla reduce la carga viral, pero permite que el virus se propague, aumentando las infecciones sin síntomas. Las infecciones asintomáticas generan células T (del sistema inmune) y durante cierto tiempo obtenemos inmunidad contra el coronavirus.

Gandhi señala en su estudio a la “variolización”, una técnica anterior a las vacunas, que consistía en exponer al paciente sano al virus de la viruela de forma controlada. Dicha técnica, que logró frenar el avance de la enfermedad de la viruela, consistía en hacer una incisión en la piel de la persona y ponerle el polvo de las costras de viruela, luego se le cerraba y se le aislaba hasta que la enfermedad le atacara de manera leve y lograse su recuperación.

Reducir la carga viral

La investigación sugiere que las mascarillas reducirían la dosis viral que uno recibe y al contagiamos cada vez más de forma asintomática, se podría lograr cierta inmunidad colectiva que reduciría las hospitalizaciones y los fallecimientos mientras esperamos la ansiada vacuna.

El estudio pone el caso de un crucero como ejemplo: “En un brote de un crucero argentino los pasajeros utilizaron mascarillas quirúrgicas y el personal las N95. La tasa de infección asintomática fue de 81%, en comparación con el 20% en brotes en cruceros en los que no se usaron mascarillas”

De esta forma, es posible que a medida que el SARS-CoV-2 continúa su propagación por el mundo, las mascarillas estén detrás del repunte del porcentaje de casos asintomáticos o con síntomas leves. Y es que según la investigación, en las últimas semanas han surgido datos prometedores que sugieren una inmunidad como resultado de contagios leves.

En un tweet publicado por la científica, señala el caso de España, donde el uso de la mascarilla es obligatorio desde hace meses y actualmente ofrece una alta tasa de contagios y una con baja mortalidad.

También se hace eco de las estimaciones de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) donde a mediados de julio, la tasa típica de infección asintomática con SARS-CoV-2 era del 40%, pero el dato supera el 80% en los entornos de uso universal obligatorio de las máscaras.

“En última instancia, la lucha contra la pandemia consiste en reducir tanto las tasas de transmisión como la gravedad de la enfermedad. Cada vez hay más pruebas que sugieren que el uso general de la mascarilla podría beneficiar a ambos objetivos”, concluye Gandhi.

El doctor en farmacia, profesor y divulgador, Gorka Orive explica también este proceso en un hilo de Twitter:

Orive apunta a que en algunos modelos experimentales con hámster se ha podido comprobar que la enfermedad es más grave al aumentar la dosis del virus que recibían los animales. “La idea de que las mascarillas ayuden a reducir la dosis de virus no sería descabellada”.

“Si las mascarillas pudieran reducir el inoculo viral, su uso fomentaría el aumento de casos asintomáticos y no precisamente el de pacientes con covid-19. Incluso , podrían esperarse menos casos leves de la enfermedad que graves, por la misma razón”, explica.