Asistencia a personas mayores con Alzheimer: la importante labor en los Centros de Día Municipales

Durante el confinamiento se sustituyó el servicio presencial que ofrecen los Centros de Día, por atención telemática, llevándose a cabo terapias grupales, rondas de contactos individualizadas y asesoramiento a las familias de las personas usuarias

Los Centros de Día de Madrid gestionados por Clece que están especializados en la atención a mayores con discapacidad física y/o cognitiva reabrieron sus puertas el pasado 16 de junio bajo estrictas medidas de protección, tras permanecer cerrados tres meses de confinamiento.

Mantenimiento de distancia social, uso constante de mascarillas por parte de personas usuarias y personal, limpiezas más exhaustivas con los virucidas aprobados por las autoridades sanitarias, desinfección de los vehículos entre rutas... Estas son algunas de las medidas que se han tomado para salvaguardar la seguridad de personas usuarias y trabajadores de los centros.

Como explica Ana Miren Ramos, responsable de Clece de los Centros de Día de Madrid, “el virus nos ha obligado a vivir una realidad nueva en la que la prevención es fundamental para cortar las cadenas de contagio. Para esto están resultando vitales los tests periódicos que se están realizando. La administración nos proporciona tests rápidos cada 15 días para las personas usuarias y nuestra empresa realiza tests a todo el personal tras su incorporación de vacaciones o en caso de aparición de algún caso positivo en el Centro”.

Un papel esencial en la sociedad

Con una inevitable tendencia al envejecimiento, este tipo de centros juegan un papel muy valioso a la hora de cuidar a nuestros mayores. Andrea Varela, psicóloga uno de los centros, pone en relieve la labor de este tipo de recurso asistencial al servir de apoyo a las personas usuarias que a veces se encuentran un poco perdidas con su propia enfermedad, y también a los familiares, para los que sirven de guía y acompañamiento.

A través de terapias ocupacionales, actividades de gerontogimnasia y trabajo emocional, estos centros se convierten en un recurso indispensable como firme red de apoyo entre profesionales, usuarios y familiares. Un recurso que, afortunadamente, se ha podido mantener, incluso, en los momentos más difíciles.

Confinados pero conectados

Durante el estado de alarma, el trabajo con las personas mayores, el colectivo más vulnerable en esta pandemia, ha permitido que la gran mayoría de usuarios no sufriera retrocesos significativos, tanto en su estado físico como cognitivo. “Estas personas están acostumbradas a sus rutinas. Con el confinamiento, todo esto se ha paralizado, por eso, hemos hecho intervenciones para evitar que esas rutinas desaparecieran”, asegura Eva García, directora y trabajadora social de uno de los centros de día gestionados por Clece.

Los centros de día tuvieron que adaptarse y sus equipos de trabajo fueron capaces de sortear las trabas del confinamiento mediante el uso de medios telefónicos y telemáticos, lo que les permitió mantener el contacto diario con las personas usuarias y sus familiares.

Tal y como afirma Eva García, se han llevado a cabo “videollamadas con terapias grupales y contactos permanentes para orientar a las familias y así permitir que nuestros usuarios pudieran continuar con sus tratamientos”. Especialmente delicadas han sido las intervenciones específicas ante el duelo por la pérdida de seres queridos y los asesoramientos ante los casos de sobrecarga emocional ante la presión del cuidado constante del familiar. Y todo con una vocación que se palpa a distancia: “Es cierto que aquí vamos más allá. Lo que hacemos con las personas mayores con discapacidad cognitiva es darles muchísimo cariño. Eso es lo que intentamos mantener porque de esa forma sabemos que podemos reducir alteraciones posteriores”.

Debido a la incertidumbre que se ha generado en torno a la pandemia, cuidar del aspecto psicológico de las personas usuarias y sus familiares ha sido un factor trascendental en el seguimiento. Andrea Varela está convencida de las consecuencias positivas que ha generado el esfuerzo de todo el equipo. “Sobre todo hemos trabajado temas de alteraciones de conductas, ya que hay muchas familias que tienen esa problemática en casa, a las que hemos dotado de herramientas para poder gestionarlas”.

El vínculo emocional con la familia, reforzado

Uno de los factores cruciales para obtener el éxito en las terapias es contar con el apoyo y la involucración de la familia. “Antes nos sentíamos arropados, pero después de todo lo que ha pasado nos sentimos mucho más. Los familiares nos han dado la enhorabuena por nuestro trabajo. Con el confinamiento se han dado cuenta de la labor que hacemos y de lo importante que es”, asegura Eva.

Cuando alguien acude a un centro de este tipo, tiene ciertos miedos y desconfianza, al no saber realmente qué pasa dentro”, cuenta Andrea. Por eso ha sido tan positiva y gratificante la respuesta de las familias. “Al haber tenido que dedicar tanta atención y cuidado a sus seres queridos, han visto y valorado nuestro trabajo y todo lo que hacemos por las personas usuarias. Ha sido un refuerzo muy positivo para todo el equipo”, zanja Andrea.