Mascarillas de boca en boca

Complemento imprescindible hoy para todos que debe ser elegida y usada con cuidado para que cumpla su función protectora

Son la medida tangible de la pandemia, el complemento que mejor representa la expansión globalizada del coronavirus. Desde que Sanidad decretara su obligatoriedad el pasado 20 de mayo en mayores de 6 años las organizaciones de sanitarios y de consumidores se esfuerzan en dos objetivos fundamentales: concienciar a la población general de su uso correcto y conseguir que se baje el tipo impositivo que se les aplica (21%, de los mayores de Europa).

Utilizar las mascarilla, clave para frenar la expansión del virus

Las autoridades sanitarias, por su parte, se centran en ofrecer un mensaje principal y unificado sobre ellas que cale entre la población general: como norma general deben utilizarse las higiénicas o quirúrgicas.

Desde el Consejo General de Enfermería (CGE) recuerdan que su utilización es una de las medidas más eficaces para evitar la propagación de virus, pero para conseguir ese objetivo se debe hacer un uso adecuado. María Enríquez Jiménez, enfermera del CGE, señala que el uso medio de una mascarilla higiénica (reutilizable o no), es de 4 horas (uso continuo o intermitente) y que, una vez excedido, hay que tirarlas (si son no reutilizables) o lavarlas (si son reutilizables) siguiendo las indicaciones del fabricante.»

Es muy importante que antes de comprar cualquier mascarilla miremos si están homologadas y, si no es así, es preferible no comprarlas, pues no se podría garantizar que protegen de una manera adecuada.

Por otro lado, cuando no se estén usando y todavía no se hayan excedido las horas de uso hay que guardarlas en una bolsa de tela o de papel preferiblemente, para que permita la transpirabilidad y no se contamine de microorganismos, por ejemplo, cuando se está en un bar, cuando se come…; además, dichas bolsas hay que cambiarlas o lavarlas».

Los tres tipos más usados

Las tipologías de mascarillas son tres: higiénicas, quirúrgicas y autofiltrantes.

La importancia de distinguir entre los diferentes tipos radica en que cada uno de ellos otorga un nivel distinto de protección y tiene unas recomendaciones especificas para su uso.

  • Mascarillas higiénicas que pueden ser de dos tipos: reutilizables o no reutilizables. No son consideradas productos sanitarios y sirven para limitar la propagación el virus. Son las recomendadas para la población general. Se pueden comprar en centros comerciales, supermercados o tiendas, además de por internet, pero es preciso fijarnos en que estén homologadas. Para ello deben cumplir los requisitos establecidos en las especificaciones técnicas UNE 0064-1:2020 (mascarillas higiénicas NO reutilizables de adultos), UNE 0064-2:2020 (mascarillas higiénicas NO reutilizables de niños) y/o UNE 0065:2020 (mascarillas higiénicas reutilizables), que definen cuáles deben ser los materiales que se utilizan para su diseño, elaboración, confección, marcado y uso y garantizan que han sido testadas según esos criterios.
  • Mascarillas clasificadas como quirúrgicas –se consideran un producto sanitario–, que evitan las propagación del virus y presentan cierta resistencia a salpicaduras como estornudos o sangre. Se recomiendan para las personas enfermas de la covid-19 o con sospecha de que lo están. Al igual que en las anteriores, hay que asegurarse, antes de comprarlas que estén homologadas (UNE 14683:2019). De hecho, el 31 de diciembre se dejan de comercializar las KN95 sin marcado CE.
  • Mascarillas autofiltrantes, que se consideran un Equipo de Protección Individual (EPI). En función de si son FFP1, FFP2 o FFP3, el grado de filtración varía. Las recomendadas actualmente son las dos últimas. De este tipo, existen algunas con válvulas de exhalación, pero no deben usarse, hoy por hoy, porque no limitan la propagación del virus. Son las llamadas «mascarillas egoístas» que algunas autonomías y centros sanitarios o de otro índole han prohibido. Deben estar certificadas (UNE 149:2001) y, a partir de ahora, si son importadas de otros países, deben tener el certificado CE. También está establecido que se debe priorizar su uso para el personal sanitario o esencial con exposición directa al virus o personas con patologías previas que les predispongan a contraer el virus.

Aprender a usarlas correctamente no es un asunto baladí, dado que de ello depende que cumplan correctamente con su función protectora y, de este modo, no generar una falsa sensación de protección. Tal y como indica la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin) en los materiales que ha elaborado dentro de su campaña informativa «Tecnología para vivir» hay que lavarse las manos con jabón o bien con un gel hidroalcohólico antes de utilizarlas, y a la hora de colocarlas, es necesario tocar únicamente las cintas, así como comprobar que cubren la barbilla. En el momento de retirarlas también hay que hacerlo por las cintas, evitando tocar la parte frontal y lavarse las manos. Tras su uso, en caso de que la mascarilla sea desechable hay que introducirla en una bolsa estanca, tirarla a la basura y volver a lavarse las manos. Y en caso de que sea reutilizable, el lavado y secado deberá hacerse siguiendo estrictamente las instrucciones del fabricante.

El País Vasco ha sido la primera comunidad en tomar medidas respecto al uso de mascarillas de tela no homologadas en hospitales y centros de salud. Así, desde el pasado martes, el Servicio Vasco de Salud ha impuesto la mascarilla quirúrgica como única aceptada en sus instalaciones sanitarias para garantizar la seguridad de los pacientes y los profesionales. Una medida que alegan haber tomado ante la imposibilidad de comprobar la homologación y fiabilidad de las utilizadas por los usuarios.

Nuestro país se sitúa entre los que gravan las mascarillas con el tributo más alto (21%), siendo superado solo por Eslovenia(22%). Holanda es el único país de Europa que ha establecido un tipo 0. Por ello, el precio regulado de las mascarillas quirúrgicas llega a 0,96 euros por unidad en España, lo que supone que una familia media de cuatro miembros gasta al mes nada menos que 230 euros en este producto. Para quedarse con la boca abierta.