Alerta: mobbing en el convento

La Iglesia se rearma para combatir los abusos de conciencia y poder dentro las congregaciones religiosas provocados por superiores que tergiversan el sentido del voto de obediencia

15/06/2020 
Monjas con mascarillas
15/06/2020 Monjas con mascarillas FOTO: Manuel Olmedo

No hay datos oficiales. Nunca se ha llevado a cabo estadística alguna al respecto. Pero existe. ‘Mobbing’ en las vida consagrada, haylo. El acoso también se cuela en los conventos del siglo XXI, tanto en los que aún conservan rejas, como en las comunidades de vida apostólica, esto es, en las monjas y frailes con colegios, hospitales, obras sociales… La tolerancia cero impuesta por Francisco frente a la pederastia infantil le ha llevado a ampliar su denuncia no solo a las agresiones sexuales a menores, sino a lo que define como «abuso de poder y de conciencia» en adultos vulnerables. «No es una plaga, pero no nos podemos permitir ni solo caso de autoritarismo dentro de las comunidades religiosas» , aseguran quienes conocen de cerca esta amenaza que se circunscribe de forma particular en el ámbito femenino. Es decir, más entre monjas que entre frailes.

Muestra de la preocupación existente es que por primera vez en España y en América Latina se ha convocado una jornada de estudio para poner freno a estas prácticas. Se trata de una doble sesión de trabajo promovida por el Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR), el centro formativo de los misioneros claretianos.

«Los comportamientos abusivos nos acompañan en diversos grados pero, si no le ponemos nombre no desaparecerán. Todo lo contrario: les daremos aún más poder», alerta la teóloga Ianire Angulo que impartió ayer por la tarde una ponencia sobre lo que ha bautizado como «la presencia innombrada». Esta religiosa esclava de la Santísima Eucaristía es una de las primeras investigadoras en compartir sus reflexiones sobre lo que considera «un problema estructural complejo del que apenas estamos viendo la punta del iceberg». «No se trata de ‘manzanas podridas’, sino que nuestros ‘cestos’ son capaces de pudrirlas» , detalla sobre un estilo arraigado de clericalismo en las organizaciones eclesiales que se traduce en un modo de gobernanza peligroso.

En esta misma línea se manifiesta el director del centro de los claretianos, Antonio Bellella: «El abuso de poder es endémico y se presenta en cualquier organización, pero la vida consagrada cuenta con instrumentos para denunciarlo y corregirlo» .

«Se trata de una focalización del poder en personas determinadas y el modo en que lo vivencian ellos y quienes están a su cargo» , aprecia esta profesora de la Universidad Loyola de Andalucía que explica cómo ese clericalismo «es una actitud que puede tener un sacerdote, una superiora, la directora de colegio… pero también la hermana que, en su modo de tratar o de no valorar críticamente la realidad, fomenta esa vivencia del poder» .

Eso sí, en el caso de las monjas aclara que «no implica que se produzcan per se, sino que las circunstancias lo propician mucho más que en otros ámbitos y en otras vocaciones». Entre los elementos que confluyen, se encuentran las estructuras jerárquicas y un sentido tergiversado del voto de obediencia. «Confundir la tarea de la superiora con una cura de almas o una maternidad espiritual es un espacio especialmente fácil para el abuso de poder y conciencia» , subraya Angulo, que sugiere que «lo que mande un superior tiene que limitarse al fuero externo y nunca al fuero interno, porque no puede ni debe entrar en la intimidad ni la conciencia de nadie». «El problema no es la obediencia –completa Bellella–, sino el despotismo desobediente o el manejo artero del sentido de dicho voto, por parte de quien ejerce cualquier clase de poder, aunque sea pequeño» .

El principal rasgo identificativo de «sor bullying» sería un perfil narcisista. Sin que necesariamente implique un trastorno de personalidad, echa mano de todas las armas psicológicas a su alcance para instaurar una dictadura «soft» en el claustro, apropiándose del carisma de la congregación convirtiéndolo en una ideología incuestionable. «Quien abusa de su poder o pretende manejar las conciencias huye de la claridad, castiga o corrige a quien protesta ante la aparición de coacciones innecesarias o a quien las expone a una tercera persona; con frecuencia, apela sin necesidad al secreto para manipular a la otra persona» , detalla Bellella sobre las pistas para destapar estos casos. Por ejemplo, una superiora que solo se asesora con quien le da la razón.

Este liderazgo autoritario encontraría el caldo de cultivo en unas religiosas que suelen confiar en quien les pastorea. «A veces es más fácil renunciar al riesgo de la libertad de pensamiento, de discernimiento, de no tener claro qué paso concreto dar… y se prefiere que te lo den hecho, que decidan por ti, que me digan qué tengo que hacer en cada momento», lamenta la investigadora sobre el riesgo de crear nuevas congregaciones de «pensamiento único» desde una «tiranía de la unidad» .

Y, ¿cómo ponerle freno? «Se ha ido creciendo en transparencia a la hora de abordarlo y se ha ido aumentando la capacidad crítica individual y colectiva, basada en la obligación moral de valorar, salvaguardar y cuidar a cada persona» , expone Bellella, que apela al «deber de respetar y defender, también estructuralmente, el rol indiscutible de la conciencia personal, especialmente en aquello que concierne al proceso de toma de decisiones». En aquellos casos donde toca dilucidar entre un superior supuestamente abusador o la rabieta de un religioso díscolo y conflictivo, el director del ITVR sugiere «escuchar a todas las partes y posibilitar institucionalmente el ejercicio el arbitraje» .

La docente de la Universidad Loyola no duda en echar mano de Amaral y de su canción «Bien alta la mirada» para reivindicar la libertad y voz crítica de cada una de las religiosas que forman una comunidad de vida consagrada: «Quien bien te quiera, te querrá bien alta». «Necesitamos generar una sensibilidad que nos ayude a reconocer las situaciones abusivas, en todos sus niveles, porque solo cuando nombramos y reconocemos esa realidad, podremos generar sistemas de control y prevención» , expone Ianire Angulo.