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A juicio por maltrato canino en la finca del horror

  • Fernando Sánchez, de Salvando Peludos –en la imagen con Hugo-, fue el que llevó comida y agua para los perros. «Allí no había ni restos de un saco de pienso»
    Fernando Sánchez, de Salvando Peludos –en la imagen con Hugo-, fue el que llevó comida y agua para los perros. «Allí no había ni restos de un saco de pienso»

Tiempo de lectura 4 min.

14 de febrero de 2018. 02:39h

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Belén Tobalina.  14/2/2018

Hacinados de siete en siete «e incluso de diez en diez» en cubículos de un metro por dos. Así malvivían los 55 perros de caza que la Guardia Civil rescató en una finca en Villa del Prado. Muchos de los cuales tuvieron que ser hospitalizados debido a su crítico estado de salud. La muerte ya se había llevado sus primeras víctimas, dos canes, «uno de ellos en avanzado estado de descomposición», explica Fernando Sánchez Ocaña, de Salvando Peludos, la primera protectora en llegar a aquel lugar el 25 de agosto de 2014. La Guardia Civil les llamó para que se hicieran cargo de los animales. Rápidamente llegó Dog Horse City, la protectora Alba... y así más de una docena de asociaciones de la Federación de Asociaciones Protectoras y de Defensa Animal de la Comunidad de Madrid (Fapam). Malvivían en un recinto de 30 metros cuadrados en pésimas condiciones de higiene y alimentación, recuerdan desde El Refugio, protectora que se persona como acusación en el juicio que arranca hoy en Móstoles contra el presunto responsable acusado del maltrato de más de 50 perros. Se trata de Roberto González Gálvez, un vecino de Villa del Prado, al que los vecinos consultados no le conocen trabajo. Más de tres años después, poco queda de la que se llamó la «finca de los horrores». Al poco tiempo mandaron derribarla. Quedan, eso sí, los «esqueletos» de los cheniles, unos cuantos ladrillos, así como huesos y latas oxidadas. «Ya estaban así el día de su detención», asegura Fernando Sánchez.

«Cuando llegué era todo bastante dantesco. Un cadáver a la izquierda, otro a la derecha antes de entrar en la finca. Los animales no tenían ni agua ni comida. Estaban en tan mal estado que de los 55 perros que había se murieron 10 por diferentes enfermedades», explica una fuente próxima al caso consultada por este periódico. «Aún recuerdo el olor, era indescriptible... El acusado llegó a decir a un agente que ''sus perros estaban bien'', y le espetó ''a saber cómo los tienes tú, porque los míos están perfectamente''», añaden las citadas fuentes.

¿Perfectamente? «Los animales estaban atados o en jaulas muy pequeñas viviendo entre sus excrementos. Sin agua ni comida. Y era agosto. El estado era deplorable. Había perros encerrados en esa especie de cheniles, mamás y cachorros dentro de la valla y detrás otros atados con cuerdas de 50 centímetros que no llegaban ni al plato de agua, aunque no tenían agua», recuerda Sánchez.

El tamaño de los cheniles lo dice todo. «Un habitáculo así, si tuviera espacio exterior, sería sólo para un perro, no para siete», denuncia Sánchez.

«Cuando vinimos –prosigue– no pudimos confirmar que hubiera canibalismo, pero en estos casos en los que no hay comida suele darse. No me cabe duda de que esos dos cadáveres a las puertas de la finca eran sólo del último mes, antes habría muchos más».

«Cuando llegué sólo pensaba en darles de comer y de beber. El propietario, que estaba detenido, insistía en que no entráramos en su propiedad, no quería que estuviéramos allí ni que ayudáramos a los perros. Para él estaban bien, los ve sólo como útiles de trabajo y si se moría alguno no le importaba».

«Espero como protectora que se haga justicia por cada vida que costó el chiringuito que tenía aquí montado, eso no se va a conseguir, pero sí que le caiga una buena sanción, que termine unos añitos en la cárcel y que se le impida tener animales de por vida. Hay que vigilar a este tipo de individuos porque no les importa hacer daño a los animales, les parece normal tenerlos así. De hecho hay rumores de que sigue con rehalas». No es el único en afirmarlo. Vecinos y otras fuentes consultadas por este periódico también lo aseveran, aunque, al menos, de momento, la Guardia Civil no ha podido confirmarlo.

«Tenemos confianza. Hay que esperar, aunque cabe la posibilidad de que entre en prisión. Como acusación particular pedimos que se le acuse de 55 presuntos delitos de maltrato animal, uno por cada animal que tenía bajo su responsabilidad, tal y como permite el Código Penal desde su reforma de 2010. Por eso pedimos nueve meses de prisión por cada uno de los 55 presuntos delitos. Aunque sentarlo en el banquillo ya es un éxito», afirma Nacho Paunero, presidente de El Refugio.

Algunos de los canes siguen sin hogar

Salvando Peludos se llevó «los casos más urgentes, 17 perros. Dos de ellos fallecieron dado su estado. Tras la entrega de perros entre protectoras, de los que se quedaron en Salvando Peludos todos consiguieron un hogar, salvo uno, Chispa, que sigue a la espera de ser adoptado.

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