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2018: dos turistas en la Luna

Darán la vuelta al satélite de la mano de la compañía americana SpaceX. La fiebre por el espacio exterior multiplica la oferta privada

  • La firma americana lanzó el pasado enero su cohete Falcon 9
    La firma americana lanzó el pasado enero su cohete Falcon 9 / Efe
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

01 de marzo de 2017. 04:15h

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Laura Novo.  Madrid. 28/2/2017

En 2018, SpaceX enviará a dos turistas en un viaje que dará la vuelta a la Luna. Será la primera expedición que lleve a seres humanos hasta nuestro satélite desde las expediciones del programa Apollo de la NASA en los 70, pero probablemente no sea la única. El presidente ejecutivo de Space Exploration Technologies, Elon Musk se negó a identificar a los clientes o decir cuánto pagarían para volar en la misión de una semana, excepto para decir que no es «nadie de Hollywood». SpaceX es sólo uno de los proyectos de exploración espacial que han sido puestos en marcha recientemente por empresas privadas: más de 1.000 sólo en EE UU, según la «CNN».

SpaceX parece haber encontrado el ánimo para apostar en este sector tras sus experimentos de enero, cuando lanzó al espacio y recuperó su cohete, el Falcon 9. En su trayecto, también pudo poner en órbita los diez satélites que transportaba. Un gran éxito para esta firma americana, que pretende abaratar el viaje al espacio tanto para humanos como para materiales y una muy necesitada buena publicidad después del fiasco de septiembre pasado, cuando una «anomalía» en los tanques de oxígeno de otro cohete de la empresa mientras repostaba en la plataforma de lanzamiento provocó su explosión. Explosión que se llevó por delante un satélite de 200 millones de dólares. Y es que, el impulso comercial del que ha sido protagonista la exploración espacial en los últimos años provoca que haya un gran deseo por parte de las empresas de obtener resultados y de hacerlo «ya».

Casi 50 años después del primer aterrizaje tripulado en la Luna, es el mercado privado, y no los gobiernos, el que lleva la voz cantante en lo que concierne a investigar lo que sucede más allá de la órbita terrestre. Son muchas las firmas que han surgido gracias a la fiebre del espacio exterior, desde pequeñas «start ups» a gigantes de Silicon Valley. Es el caso de Origin, de Jeff Bezos. El director general de Amazon dio sus primeros pasos en lo concerniente a la explotación privada del espacio en el año 2000, cuando fundó esta compañía de viaje espacial. Directa competidora de SpaceX, hizo su primera prueba exitosa con su vehículo espacial New Shepard en abril de 2015 y planea enviar a personas fuera de la órbita terrestre este año. Otros proyectos, como Moon Express, que pretende llegar a la Luna para explotar sus recursos, son el resultado de concursos para animar la iniciativa privada como el Premio Lunar X de Google. Andy Howell, científico adjunto en el observatorio Las Cumbres, en California, explica a LA RAZÓN que ve la creciente oferta en el mercado espacial positiva: «La rivalidad en los negocios es sólo competición y eso es algo muy bueno: mantiene los presupuestos bajos y nos lleva a ser innovadores».

Al otro lado del Atlántico, la inversión avanza más despacio. Alguien que ha tenido que lidiar con ello es Raúl Torres, director ejecutivo y cofundador de PLD Space, una «start-up» española dedicada a la fabricación de cohetes para abaratar el transporte espacial que tendrá su primer ensayo de lanzamiento en 2018: «La mentalidad de los inversores europeos y de los estadounidenses es radicalmente opuesta. En EE UU ha habido y hay empresas que están apostando muy fuerte por el sector espacial y que han reunido miles de millones de dólares de inversores de capital de riesgo. Esto es porque allí los inversores tienden a poner su dinero en las “start-ups” que pueden en un momento cambiar el mundo, como puede ser el caso de Apple o Microsoft». En Europa, en cambio, «los inversores tienen una actitud de mirar y ver qué pasa y, como siempre, los americanos nos pasan por delante», añade. Desde el punto de vista de Howell, India y China serían las otras dos naciones con más posibilidades de despuntar en este terreno: «Ambas tienen iniciativas fascinantes: China ha puesto en funcionamiento su segunda estación espacial e India ha puesto en órbita satélites tanto con capital público como privados».

Uno de los objetivos más populares es llegar a Marte y fundar una colonia allí, lo que costaría seis mil millones de dólares, según la firma Mars One. Un presupuesto que está más al alcance de un Gobierno que de una empresa. Para Torres la clave está en la colaboración: «Debe haber un compromiso entre la parte pública y la privada. La iniciativa privada no podría superar determinados retos tecnológicos».

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