Ciencias humanas

Una máquina contra el crimen

Estimular eléctricamente el cerebro reduce hasta en un 50% la propensión de cometer ataques físicos y sexuales, según investigadores de la Universidad de Pennsylvania

La serie «Mindhunter» es un retrato de los comienzos del estudio psicológico de la mente de los criminales más perturbados de los EEUU
La serie «Mindhunter» es un retrato de los comienzos del estudio psicológico de la mente de los criminales más perturbados de los EEUUlarazon

Estimular eléctricamente el cerebro reduce hasta en un 50% la propensión de cometer ataques físicos y sexuales, según investigadores de la Universidad de Pennsylvania.

A veces, hacer el seguimiento de la actualidad científica se parece más a estar leyendo novelas de ciencia ficción que a un registro fidedigno de la realidad. Algo así podrá pasarles a todos los que lean con atención el título de la última investigación publicada ayer por expertos de la Universidad de Pennsylvania. Y es que dicen haber fabricado un dispositivo capaz de estimular el cerebro de un potencial criminal y reducir en 50% su propensión a cometer un crimen. En concreto, reduciría a la mitad las tentativas de ataques físicos y sexuales.

La investigación fue publicada ayer en la revista «Journal of Neuroscience» y consiste en estimular debidamente el córtex prefrontal, que es el área del cerebro responsable de controlar el desarrollo de las ideas y comportamientos complejos, para reducir la intención de una persona de cometer un acto violento. No solo eso sino que el uso del aparato, que produce lo que técnicamente se llama estimulación transcraneal con corriente directa, aumenta la repulsión moral hacia cualquier tipo de crimen. En otras palabras, una corriente eléctrica aplicada al cerebro modifica nuestra posición moral ante los actos más execrables. ¿Será verdad?

Los autores del estudio han llevado a cabo un ensayo doble ciego entre 81 personas mayores de 18 años. Por azar, los participantes fueron divididos en dos grupos. El primero de ellos recibió estimulación transcraneal en el córtex prefrontal durante 20 minutos. El segundo recibió una corriente de baja intensidad sin efecto alguno (un placebo). Por supuesto, ni los participantes ni los técnicos que aplicaban la corriente sabían qué tipo de estimulación se estaba generando en cada caso.

Los científicos se centraron en la estimulación del córtex prefrontal porque se sabe que en esa área del cerebro se producen desequilibrios habitualmente relacionados con las conductas antisociales.

Después de la estimulación, los investigadores propusieron a cada participante dos hipotéticos escenarios en los que se había producido un ataque violento y una agresión sexual y les pidieron que valoraran del 0 al 10 la probabilidad de que ellos mismos hubieran actuado como el protagonista de los crímenes. Los voluntarios que habían recibido estimulación reconocieron una probabilidad entre un 47 y un 70% que los otros. Los participantes también tenían que puntuar el grado de repugnancia moral que les provocaban los escenarios criminales propuestos. Aquellos que habían sido estimulados presentaron también mayores grados de rechazo.

En teoría, estos resultados muestran que una intervención biológica en el cerebro podría tener el potencial de reducir la conducta violenta.

Lo cierto es que desde el advenimiento de las nuevas tecnologías de diagnóstico por imagen, son muchos los neurólogos y psicólogos que proponen que existe un sustrato físico bajo la conducta criminal. Se han descubierto variaciones en el funcionamiento de áreas como el córtex cerebral en individuos violentos. Pero nunca se ha podido determinar con certeza si estos cambios son causa o consecuencia de la criminalidad. ¿Una modificación del cerebro conduce al crimen o es la conducta criminal la que conduce a modificaciones de la estructura cerebral?

Si este estudio se confirma, parecería indicar que es la estructura del cerebro la que provoca el comportamiento violento. Con su trabajo, los científicos de Pennsylvania han tratado de encontrar una intervención biológica y levemente invasiva que pudiera ser aceptada socialmente. En este caso, estimular mediante una corriente mínima un cerebro podría considerarse una operación menor. Otra cosa, obviamente, es la aceptación social que tuviera el mero de hecho de considerar que el acto criminal puede ser modulado externamente.

Los siguientes pasos de esta línea de investigación prometen ser polémicos.