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Gozar de disponibilidad afectiva

Tiempo de lectura 4 min.

03 de octubre de 2013. 00:48h

Comentada
3/10/2013

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¿Qué procesos hay que seguir para formar una familia antes de que llegue el niño y en el momento de tenerlo ya en casa?

Tanto si es biológico como adoptado, el momento de la formación de la idea que te haces de tu propio hijo es fundamental para después poderlo acoger adecuadamente. La pareja tiene que disponer primero de un espacio mental para albergar la idea y las necesidades del propio hijo, que lo prepara con expectativas y deseos que surgen en torno a la creencia de cómo será. El adulto deberá tener la capacidad de adaptar sus expectativas a lo que será después el hijo real, y esto conlleva poseer una gran flexibilidad mental. Una pareja en la que sus miembros no logran adaptarse a cambios respecto a lo que inicialmente desean supone un punto en contra a la hora de adoptar. Muchos estudios dicen que hay que prepararse para la paternidad porque no es algo innato, hay que adaptar las exigencias propias a las de los hijos.

¿Es suficiente con darle amor?

Primero los padres tienen que ser capaces de ser un punto de deferencia para que el hijo pueda explorar y siempre tiene que poder contar con ellos, han de ofrecerle seguridad. Es imprescindible gozar de disponibilidad afectiva, que no es sólo dar amor al hijo, sino que para promocionar un desarrollo intelectual y afectivo adcecuadolos padres han de tener sensibilidad, capacidad de estructurar la realidad y mostrársela a su hijo de manera comprensible, no ser intrusivos y no ser hostiles. Hay otras características que dependen exclusivamente del niño, como su capacidad de respuesta a las actuaciones de los padres o la capacidad de involucrarles a ellos y a los demás, de invitarles a compartir afectos propios. Por tanto, no vale sólo el amor: se basa en el amor, pero es la unión de las características de la madre, el padre y el niño.

¿Por qué puede fracasar una adopción?

Porque normalmente el hijo deseado no es el hijo ideal, y por ello se debe profundizar más en las motivaciones de quien adopta. Si alguien siente que sus padres le han cuidado adecuadamente y, por tanto, tiene un apego seguro con ellos, intentará cuidar del niño basándose en esa experiencia. Si, por el contrario, tiene un apego menos seguro y no se siente satisfecho con su experiencia, la adopción podría estar destinada a fracasar. En conclusión, nos basamos en nuestra experiencia a la hora de criar a los hijos.

¿Es la adolescencia el momento cumbre del fracaso de las adopciones?

Sí, porque es la etapa en la que, si lo estás haciendo mal, se nota mucho más. En ella, el adolescente responde mucho más que un niño y, si se tiene poca sensibilidad afectiva, éste, que está definiendo su identidad, hará sentir a sus padres que tienen dificultades para comunicarse con él.

En conclusión: ¿qué se puede hacer para que una adopción no fracase?

Es fundamental prepararse, entrenarse y trabajar la disponibilidad emocional y afectiva antes de acoger a alguien, tanto para quien espera un hijo como para quien ya lo tiene.

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