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La última propuesta de geoingeniería: Sacrificar la Antártida para proteger Nueva York y Shanghái

Investigadores de un instituto financiado por el Gobierno alemán concluyen que el colapso de la plataforma de hielo del oeste de la Antártida se puede prevenir generando precipitaciones artificiales en forma de nieve. Aunque reconocen los elevados riesgos ambientales y costes de esta medida, consideran que es una opción para frenar la subida del nivel del mar

  • EFE
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Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

18 de julio de 2019. 17:41h

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Belén Tobalina Madrid. 17/7/2019

Un equipo de investigadores del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK), institución financiada por el Gobierno alemán, está estudiando cómo estabilizar el continente antártico con el fin de frenar el aumento del nivel del mar. Aunque la solución real sería reducir drásticamente las emisiones para evitar que la temperatura siga aumentando, consideran que, además de cumplir el Acuerdo de París, una opción a estudio sería generar varios miles de millones de toneladas de nieve de forma artificial. ¿Cómo? Bombeando agua del océano sobre los glaciares y distribuyéndola con cañones de nieve por la Antártida. Ahora bien, esta medida, que recuerda en demasía a las polémicas lluvias artificiales, requeriría unos esfuerzos de ingeniería sin precedentes y lo que es peor un peligro ambiental en una de las últimas regiones prístinas que quedan.

La pregunta es “si nosotros, como humanidad, queremos sacrificar la Antártida para proteger las regiones costeras actualmente habitadas y el patrimonio cultural que hemos construido y estamos construyendo en nuestras costas. Se trata de metrópolis globales, desde Nueva York hasta Shanghai, que, a largo plazo, si no se hace nada, estarán por debajo del nivel del mar”, afirma Anders Levermann, físico del PIK y la Universidad de Columbia y uno de los autores del estudio publicado en la revista científica “Science Advances”. Aunque antes caerían Bangladesh y múltiples islas del Pacífico.

“La pérdida de hielo en el oeste de la Antártida se está acelerando y es posible que no se detenga hasta que prácticamente haya desaparecido”, añade.

La última propuesta de geoingeniería: Sacrificar la Antártida para proteger Nueva York y Shanghái

En su estudio, los investigadores emplean simulaciones por ordenador para proyectar la pérdida de hielo en el futuro teniendo en cuenta que las cálidas corrientes oceánicas han llegado al Mar de Amundsen, en el Oeste de la Antártida, que es una región formada por varios glaciares propensos a la inestabilidad. La fusión submarina de estos glaciares ha provocado la aceleración de deshielo y su retroceso. De hecho, es responsable de la mayor pérdida de hielo del continente y proporciona una contribución acelerada al aumento global del nivel del mar.

Dichos resultados confirman conclusiones de estudios previos que sugieren que incluso una fuerte reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero puede no prevenir el colapso en la Antártida occidental.

“Investigamos qué podría detener un posible colapso en nuevas simulaciones. Para ello aumentamos las nevadas en la citada zona mucho más allá de las observaciones”, explica el coautor del estudio, Johannes Feldamann, también del PIK. “Y nos encontramos -prosigue- que una gran cantidad de nieve puede detener la inestabilidad. En la práctica, esto podría lograrse mediante una inmensa redistribución de masas de agua haciendo que nieve sobre la capa de hielo a un ritmo de varios cientos de miles de millones de toneladas al año durante algunas décadas”.

Peligros

Ahora bien, como reconoce Feldamann, “somos plenamente conscientes” de las consecuencias de llevarlo a cabo. Y es que elevar, desalar, “calentar” y alimentar los cañones de nieve requeriría una cantidad de energía eléctrica del orden de varias decenas de miles de aerogeneradores.

"Instalar un parque eólico de este tipo y la infraestructura adicional en el Mar de Amundsen y la extracción masiva de agua oceánica significaría esencialmente perder una reserva natural única. Además, el duro clima antártico hace que los desafíos técnicos sean difíciles de anticipar y difíciles de manejar, mientras los posibles impactos peligrosos para la región probablemente serán devastadores". De ahí que los investigadores reconozcan los elevados riesgos y costes de esta medida que habría que ponderar frente a sus beneficios potenciales.

"Nuestro estudio no considera el calentamiento global hecho por el hombre en el futuro, por lo que este gigantesco esfuerzo solo tiene sentido si el Acuerdo Climático de París se mantiene y las emisiones de carbono se reducen de forma rápida e inequívoca".

"El aparente absurdo del esfuerzo que supone hacer que nieve en la Antártida para detener la inestabilidad del hielo refleja la dimensión impresionante del problema de la subida del nivel del mar", concluye Levermann. "Sin embargo, como científicos creemos que es nuestro deber informar a la sociedad acerca de todas y cada una de las posibles opciones para contrarrestar los problemas futuros. Por increíble que parezca: para prevenir un riesgo sin precedentes, la humanidad podría tener que hacer un esfuerzo sin precedentes, también”, concluye.

“Es la primera vez que leo un estudio sobre este tipo de geoingeniería en uno de los polos. Los autores son científicos serios y me sorprende bastante este estudio que enmarco dentro del debate legítimo aunque peligroso de la geoingeniería, la rama que se basa en la manipulación del clima de forma deliberada”, afirma a este periódico Rafael Simó, oceanógrafo y profesor de Investigación del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC. “los autores han estudiado mucho el comportamiento de los glaciares, son climatólogos serios. Entiendo que ahora quieren estudiar cómo revertir la subida del nivel del mar. Pero esta posibilidad que barajan es, y perdón por la expresión, bastante bestia. Quiero interpretarlo como un ejercicio intelectual pero es muy peligroso. Espero que realmente sea una llamada de atención de la emergencia que supone la subida del nivel del mar: las previsiones del IPCC es que para finales de siglo suba entre 40 cm y más de un metro. Ya llevamos 30 cm de subida desde los niveles preindustriales; que suba 40 cm el nivel del mar de aquí a 2080-2100 no es baladí, urge evitarlo”, explica el científico, que insiste en que no del modo que se propone en este estudio, sino reduciendo las emisiones.

Y todo ello sin tener en cuenta las consecuencias: “La Antártida es un gran desierto nevado con poca vida y pocas precipitaciones en el continente, pero la costa y el océano es brutalmente vivo, y hacer algo así supondría un mazazo para la diversidad de animales marinos, desde ballenas, hasta focas, pasando por esponjas y corales. Otro efecto es las corrientes. Si se modifican las corrientes es muy difícil prever las consecuencias por eso es una barbaridad”, añade.

“Si las otras opciones de geoingeniería son bestias esto lo es más todavía porque si se consigue la tecnología se conseguiría porque no es voy a hacer que nieve sino que el hombre metería la nieve como con los cañones de nieve de las pistas de esquí, con el consumo ingente de energía”, recuerda.

Visión que comparte Carlos M. Duarte: “El artículo propone una nueva vía de geoingeniera, esta vez para prevenir la fusión de la plataforma de hielo del Oeste de la Antártida y de esta forma evitar los escenarios mas peligrosos de subida de nivel del mar. Pero el estudio no valora suficientemente los impactos de esta iniciativa, ni sus costes energéticos, ni tampoco hay confianza en que la propuesta funcione. Más allá de la escasa fiabilidad técnica de la propuesta, un obstáculo común a muchas de estas propuestas es su dificultad de llevarla a cabo sin que existan mecanismos de gobernanza globales que permitan a una parte desplegar iniciativas de geoingeniería con consecuencias -y riesgos- globales. En mi opinión, la opción mas fiable para frenar la aceleración del aumento del nivel del mar sigue siendo el camino trazado por el Acuerdo de París, en su interpretación más ambiciosa, de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y desarrollar tecnologías eficientes de captura de CO2”, afirma el científico Carlos M. Duarte, del Tarek Ahmed Juffali Research Chair in Red Sea Ecology. Y es que, por suerte, “no tiene posibilidades de prosperar mientras exista el Tratato Antártico”, concluye Simó.

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