La nevera de Einstein dio lugar a la primera bomba atómica

Casi cien años atrás, el más famoso científico de los últimos siglos desarrolló una fresquera que ni siquiera utilizaba electricidad y que fue la la semilla de la primera bomba atómica

La nevera de Einstein dio lugar a la primera bomba atómica

En los años 1920, las neveras de compresión de gas se convirtieron en un adelanto enorme, reemplazando a las fresqueras en los países industrializados. El lado positivo era que evitaban tener que hacerse con hielo cada poco, la temperatura era más estable y se facilitaba una conservación de diferentes tipos de alimentos más eficiente. Pero había un lado negativo: estas nuevas neveras utilizaban tres gases (amoníaco, cloruro de metilo y dióxido de azufre) que eran tóxicos y en ocasiones explotaban provocando graves daños y muertes de familias enteras.

En 1926 una noticia hizo que Albert Einstein decidiera usar toda su experiencia en la oficina de patentes en la que había trabajado para evitar más muertes. Ese año, una familia entera en Berlín, incluidos varios niños, se había asfixiado cuando se rompió uno de los sellos de la nevera y fallecieron debido al gas tóxico. Einstein supo que tenía que hacer algo y contactó con Leo Szilard. Si Einstein se caracterizaba por ser un teórico brillante, Szilard era un ingeniero e inventor con luz propia. Cuando huyó de su país natal (Hungría) después de la Primera Guerra Mundial, Szilard continuó sus estudio de ingeniería en el Instituto de Tecnología de Berlín, pero pronto se aburrió y se pasó a la física en la Universidad Friedrich Wilhelm, donde asistió a conferencias impartidas por Max Planck, Walter Nernst, James Franck, Max von Laue y por el propio Albert Einstein. De hecho, allí se conocieron y el padre de la física actual admiraba a Szilard, un inventor que había desarrollado prototipos pioneros de un microscopio electrónico y de un acelerador de partículas.

Así que ambos se unieron para crear una nevera más segura. La clave era crear una nevera sin compresor, ya que era el punto más débil del sistema: donde se producían las grietas generalmente y se liberaba el gas tóxico.

Tras varios años de experimentos y demoras nació refrigerador Einstein-Szilard: no tenía motor, no hacía ruido y rara vez se estropeaba. Tampoco usaba electricidad (sólo metano) y evitaba los sellos que con demasiada frecuencia se rompían y filtraban gas tóxico. Vendieron la patente de su invento a varias firmas por más de 10.000 euros actuales…pero las neveras nunca llegaron a producirse. Como con otras de sus ideas, la de la nevera se adelantó varios años a su época. Era necesaria una presión de agua muy buena para su correcto funcionamiento (y los grifos de Alemania no la tenían) y se quemaba demasiado combustible.

Pero la relación entre ambos científicos continuó y cuando comenzó la II Guerra Mundial, la reacción en cadena de los químicos que permitió crear aquella nevera con Einstein, le dio la idea a Szilard (que había huido a Londres) para pensar en una reacción en cadena, pero nuclear. Patentó el sistema a nombre del Almirantazgo Británico (para que sólo las máximas autoridades pudieran verlo) y advirtió al presidente de Estados Unidos, Roosevelt, del peligro de una bomba atómica desarrollada por los alemanes. Entre Einstein y Szilard lograron convencer a Roosevelt de crear su propio programa. Y nació el proyecto Manhattan… con una nevera como semilla.