Nadal corona a España con su sexta Copa Davis

Rafa culmina su fantástica semana con la victoria ante Shapovalov (6-3 y 7-6) y da la Ensaladera a España

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Nadal estaba empeñado hace meses en volver a ganar la Copa Davis. Y como dicen en el equipo: «Si Rafa se empeña...». Ocho años después de levantar la última Ensaladera, también con él como número uno, España volvió a ganar el torneo abrazada a su imponente figura. Con el nuevo formato, en el torneo «creado» por Piqué y su gente, en la Caja Mágica, en pista cubierta, sin pisar tierra batida, con la altitud de Madrid, con muy pocas horas de sueño... Rafa siguió siendo el mismo de siempre. La fidelidad a uno mismo siempre tiene premio. Derrotó a Shapovalov por 6-3 y 7-6 (9/7) en el partido definitivo. Cinco victorias en individuales, dos en dobles y un título que adorna un año sobresaliente. La culminación de un ejercicio tremendo con un trofeo que hace feliz a todo un país. Uno más y van... Con 33 años, Nadal ha cuajado una temporada soberbia. Y lo más destacable es que ha llegado a final de año mejor que nunca. Ésa es la mejor noticia de todas. Ha sumado dos Grandes más, sigue a la caza de Federer, ha arrebatado el número uno a Djokovic y ha ganado su quinta Copa Davis. No se puede pedir más.

El trayecto hasta el título ante Canadá está indisolublemente unido a la figura de Rafa. Cuando un compañero sufría, ahí estaba Él. Cuando el doble flaqueaba, ahí estaba Él. Cuando había que mandar un mensaje al grupo, ahí estaba Él. Le faltó encordar raquetas. La culminación de su semana fantástica llegó ante Shapovalov, una de las raquetas jóvenes del circuito que está llamado a relevar a los clásicos. Canadá acabó mucho más lejos de lo que esperaba, pero en el segundo punto de la final careció de argumentos para estropear la fiesta de los anfitriones. Y eso que Rafa ofreció evidentes síntomas de cansancio. La final les llegó un poco pronto a Shapovalov y a Aliassime. Canadá tiene materia prima para levantar una Ensaladera en breve.

Nadal «sólo» necesitó ser Rafa para evitar los sufrimientos vividos en anteriores eliminatorias, para evitar levantar el trofeo pasada la medianoche. Fue paciente para encontrar las grietas del rival y resistió cuando el canadiense vio en el segundo set que el único camino era pegarlas todas. Tuvo que ser en un nuevo tie break y a la tercera oportunidad cuando Rafa culminase el trabajo que había empezado Roberto Bautista.

Porque el relato de esta Davis es todavía más rico con la victoria que abrió el «día D». El fallecimiento del padre de Roberto Bautista en vísperas de cuartos ante Argentina sirvió para estrechar más los lazos y para que Nadal ejerciera más como número uno con su emotivo mensaje en nombre de todos los compañeros. Las muñequeras negras con las que compareció en la final, su conmovedora reaparición cuando sonaba el himno ante Gran Bretaña, su extraordinario control de las emociones durante el partido ante Felix Auger-Aliassime... Bautista merece tanto la Ensaladera como Rafa. No hay un caso de un jugador en el circuito como el suyo. Ha sacado su mejor versión superada la treintena y lo ha hecho sobreponiéndose a la muerte de sus padres en un intervalo de apenas año y medio. Su maduración tardía le ha llevado al «top 10» cuando otros están ya casi retirados y ha sido capaz de digerir del mejor modo posible un doble varapalo familiar como el que ha vivido. El final feliz llegó con la victoria por 7-6 (7/3) y 6-3 ante Aliassime.

Era un rival inesperado. Pospisil y Shapovalov habían disputado todos los puntos de los canadienses. Eran los «culpables» de la sorpresa del torneo, pero Dancevic, el capitán, apostó por la raqueta de 19 años. El número 21 del mundo sólo había ejercido de sparring por sus problemas en el tobillo y apareció en la final tan tranquilo. Bautista lo hizo contenido y consumó el objetivo de domarle y llegar vivo al tie break. Ahí desapareció la firmeza del novato y se confirmó la validez del plan de Sergi Bruguera. Bautista no es un jugador tan caliente como Rafa. Lo suyo es otro tenis. Más medido, más sobrio, casi alemán. Cuando alcanza una velocidad sostenida se convierte en un jugador muy incómodo, capaz incluso de poner en aprietos en las semifinales de Wimbledon al mismísimo Djokovic. Aliassime titubeó unos instantes y Bautista despegó. «Bati» puso la primera piedra y el futuro de la Ensaladera quedó en las mejores manos posibles. Rafa, como siempre, volvió a estar de diez. En la décima final, España sumó sexta corona y lo hizo a lomos del mejor deportista español de la historia.