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Fernando Plaza: «Mi meta era que Madrid viera algo del torero que quiero ser»

El novillero fue el más destacado del festejo del pasado miércoles en Las Ventas y algunos ya encuentran parecidos con importantes figuras del toreo

La revelación de este inicio de año en Madrid ha sido, sin duda, el novillero Fernando Plaza, que el pasado 1 de mayo causó una gran sensación en su debut en Las Ventas a pesar de no alcanzar el triunfo, pero, como asegura en una entrevista con Efe: «La meta era que, al menos, Madrid viera algo del torero que quiero ser». «Más allá de las orejas, de una hipotética salida a hombros, mi objetivo era calar entre la gente, transmitir el toreo que me gusta, generar ilusión con el concepto que siento, que se hablara de mí y que ya tengan ganas de volver a verme. Ese es el primer paso que debe dar un novillero tan nuevo como yo, y creo que lo he conseguido», se sincera este joven madrileño, de 23 años. A pesar de lo poco toreado que está (no lleva ni cinco novilladas desde que debutó con caballos el año pasado) lo que más sorprendió de Plaza fue su frescura, su personalidad tan marcada, esa manera de querer hacer las cosas con tremenda pureza, sin vender nada, sin alharacas de ningún tipo, algo de agradecer en unos tiempos de tanto academicismo por parte de los toreros que empiezan.

«Para estar entregado, intentar hacer las cosas bien y pasárselos cerca no hace falta tener oficio. La técnica te ayuda a muchas cosas, está claro, pero el toreo es mucho más. Luego hay buscar la personalidad, esa distinción. En eso trabajo día a día, en ser diferente a los demás haciendo lo que siento en cada momento», asegura. «No quiero ser de esos toreros que jamás están mal, nunca pegan un petardo, pero tampoco emocionan. A mí me gustaría ser de esos que con un atisbo de algo, de torería o de esa personalidad de la que hablamos, logran que el aficionado vea en él algo distinto», remarca. Y Madrid lo captó desde el quite por gaoneras a su primero, ahí se vio lo que después fue desarrollando toda la tarde, que en él hay algo que lo distingue de los demás y que hace presagiar un futuro muy esperanzador a poco que le sonría la suerte, le embistan y le respeten los toros. «Cuando al día siguiente me puse a leer las crónicas me quedé impresionado de lo unánime que fue todo. Yo sinceramente ni me acuerdo. Tengo momentos muy borrosos. Solo me acuerdo los rugidos de Madrid, su entrega y su cariño», dice Plaza. Además, apenas se le notaron los nervios lógicos del debut en la primera plaza del mundo. Su puesta en escena en todo momento fue como si llevara años en esto, como si anduviera por su casa, y eso también fue algo loable de su actuación.

Algunos le han comparado ya con Talavante, otros, incluso, con José Tomás, dos espejos «impresionantes» para mirarse, dos fuentes «inmejorables» de las que beber y empaparse bien para crecer en una profesión en la que llegar a ser figura del toreo es para él como «hablar con Dios y que te responda». «Imagínate con qué dos me quieren comparar. Nada, nada. Estoy todavía a años luz de ambos. Pero claro que ilusiona y es un orgullo que te vean cosas de estos pedazos de toreros», dice. Pero como las casualidades no existen: «Mi padre (el matador y posterior banderillero Fernando José Plaza) fue mucho tiempo con Talavante, y, claro, con 11 o 12 años era mi ídolo, no tenía ojos para nadie más. Luego también fue íntimo amigo de Antonio Corbacho (descubridor de José Tomás y del propio Talavante) y algo de su filosofía a lo mejor me ha llegado», asegura con una carcajada. El caso es que Plaza tiene un impresionante futuro a pesar de que su padre nunca quiso hablarle de toros, que su vocación llegó de casualidad viendo a una niño salir de tapia en un tentadero, que en su formación tuvo mucho que ver Bernadó y Miguel Rodríguez, que su primer aldabonazo fue el Zapato de Plata de Arnedo, y su trampolín Madrid, donde regresará el próximo día 20 en pleno San Isidro.