Y el disparate acabó en cornada

Instante en el que el sexto de la tarde hiere en el muslo derecho al gaditano David Galván
Instante en el que el sexto de la tarde hiere en el muslo derecho al gaditano David Galván

La Maestranza (Sevilla). Sexta de la Feria de Abril. Toros de Daniel Ruiz y Fuente Ymbro (5º, 6º y los sobreros 2º y 4º), desiguales de presentación. El 1º, manejable; el 2º, desclasado; el 3º, manso y rajado; el 4º, de poca duración; el 5º, deslucido y parado; y el 6º, rajado, manso, imposible. Menos de media entrada.

Joselito Adame, de verde botella y oro, estocada (silencio); dos pinchazos, se echa el toro (silencio); bajonazo (silencio).

Antonio Nazaré, de blanco y oro, estocada, siete descabellos (silencio); estocada (silencio).

David Galván, de rosa y oro, estocada, descabello (saludos); cogido en el 6º.

Parte médico de Galván: «Cornada en el muslo derecho con dos trayectorias, una de 15 centímetros que rompe bíceps femoral, y otra de 5». Pronóstico «grave».

Un disparate fue que se anunciaran seis toros de Daniel Ruiz y acabaran por pasar cuatro de la divisa titular y dos de Fuente Ymbro. Un disparate multiplicado por dos fue que el primer toro de Daniel Ruiz estuviera aún celebrando el cumpleaños, los cuatro años pelados, y pobretón de presencia y remate allá por donde miraras, aunque lo hicieras de reojo o refilón, lo mismo daba. ¿Aprobado a plomo para evitar así la devolución de entradas? Elucubraciones varias a falta de contenidos. Un disparate era ya de antemano un cartel dignísimo pero modesto para un martes de farolillos. Un disparate que acabó en tragedia, o pudo serlo, porque el sexto toro, de Fuente Ymbro, se echó a los lomos a las primeras de cambio a David Galván. En tablas, donde había buscado salida toda la corrida. De puro bravo, vamos. Allí, recién comenzaba la faena, lo levantó y metió el pitón Galván, que intentaba justificarse con un toro, clon del que ya había matado en tercer lugar, también en tablas, también a la huída, también en la antítesis del toreo. En verdad a estas alturas nos pilló ya con el paso cambiado, exhaustos, aburridos. La tarde andaba pasada de vueltas, más de dos horas y media, camino de los tres cuartos, repletos de silencios, si acaso alguna ovación, un vacío tan tremebundo que era más fácil mirarse las caras entre el tendido que atender al ruedo. Una ruina. La ruina de la falta de presencia del primero, la escasez de fuerzas del segundo y para pensar que se trataba ya de inocentada incluida en el precio, la mansedumbre sin dueño del tercero que ni en el cobijo de tablas encontró interés en la muleta.

El cuarto no quiso quedarse atrás y de salida se partió un pitón por la cepa. Un marmolillo quinto y un sexto, ya hablamos, rajado que hirió. A Galván se lo llevaron a la enfermería, más no podía hacer ni en ése ni en el tercero del mismo patrón. Perfecto estuvo Antonio Nazaré con un segundo de media arrancada y poca clase. La puso él. Tiró él. Espero y alargó un tramito más. Demasiado. Su primera hazaña fue convencer al público que andaba ya en la travesía del desierto. El quinto fuenteymbro ni se movió. Y así ni haciendo pino puente.

Adame se las vio con el toro manejable, el primero, pero se amontonó y la faena no levantó el vuelo. El cuarto no dio opciones, a la vuelta de las primeras tandas dijo adiós. Sin despedidas. Y hasta se echó. Un disparate. Un lío. O salimos de esta espiral o dejaremos demasiados muertos en el camino.