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El piloto fallecido trató de rectificar tras caer en picado

Se desconoce si pudo eyectarse. El comandante Francisco Marín realizaba un vuelo de instrucción en solitario cuando cayó al mar cerca de La Manga. Pilotaba un «C-101», un avión con casi 40 años y cuya vida útil concluirá en 2021

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Tiempo de lectura 4 min.

28 de agosto de 2019. 19:26h

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Fernando Cancio 26/8/2019

Hacía pocos días que había regresado de vacaciones y estaba preparándose ya para el inicio del curso de los alumnos de la nueva promoción en la Academia General del Aire (AGA) de San Javier (Murcia). Por ello, el comandante instructor Francisco Marín Núñez volaba ayer por la mañana en solitario, en un vuelo de instrucción que le servía tanto de toma de contacto tras el verano como para las clases que impartiría a los futuros pilotos. A sus espaldas, 3.300 horas de vuelo, de las que prácticamente la mitad eran a los mandos de un «Casa C-101», el avión que se utiliza para la instrucción básica en la Academia y el mismo que usa la «Patrulla Águila» en sus exhibiciones. Y él, como ex miembro de esta unidad que «exprime» al máximo las posibilidades de este aparato, lo conocía bien. Pero algo falló y se estrelló en el Mar Mediterráneo, cerca de La Manga, a unos 100 metros de la costa.

Los vídeos grabados por numerosos ciudadanos muestran como el avión, tras realizar una especie de bucle en el aire, cae en picado y el piloto trata de rectificarlo. Pero no pudo. En un primer momento, el Ministerio de Defensa aseguró que había logrado eyectarse, aunque este punto finalmente no ha sido confirmado ni por el Departamento que dirige Margarita Robles ni por el propio Ejército del Aire.

Eran las 9:38 y en el Servicio de Emergencias 112 de Murcia recibieron centenares de llamadas alertando de lo ocurrido. Inmediatamente se puso en marcha un dispositivo en el que participaron, entre otros, cuatro helicópteros, dos cazaminas con sónar, dos embarcaciones de la Armada y buceadores del Centro de Buceo de la Armada, del Grupo de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil y de Salvamento Marítimo. En total, unas 300 personas con un único objetivo: dar con el piloto, cuyos restos fueron encontrados a las pocas horas. En concreto, en las playas de La Manga hallaron «restos orgánicos de naturaleza humana». Hasta la costa también llegaron trozos del avión, como parte de la cola y del fuselaje. A última hora de ayer, estos equipos continuaban buscando restos humanos y materiales. Al mismo tiempo, la Comisión para la Investigación Técnica de Accidentes de Aeronaves Militares (CITAAM) inició sus trabajos con el fin de aclarar si se debió a un fallo humano o mecánico.

Un avión con casi 40 años

A la espera de sus conclusiones, que se prolongarán varios meses, la realidad es que el avión estrellado llegó hace casi 40 años al Ejército del Aire y estaba cerca de cumplir su vida útil. De hecho, esa fecha estaba ya marcada: septiembre de 2021. A partir de ese momento no se podría continuar proporcionando entrenamiento básico con los C-101. «No se puede alargar más su vida», advirtió a principios de año el Jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire, general Javier Salto.

Por este motivo, el Gobierno aprobó en abril destinar 225 millones al programa «Avión Entrenador» para adquirir una nueva aeronave para la enseñanza de los futuros pilotos, en concreto, un Sistema Integrado de Enseñanza (ITS, por sus siglas en inglés), «más eficiente y mejor orientado al empleo de las tecnologías que el actual». La intención era –y es– que antes de 2021 «deberá estar en servicio un número determinado de aviones que, junto con el sistema de entrenamiento en tierra, garantice la continuidad de la enseñanza básica de la Academia». Esto es, adquirir «un avión de los que están disponibles en el mercado» para que la enseñanza no se vea afectada a corto plazo.

En concreto, quiere adquirir 24 aeronaves turbohélice, seis de las cuales deberán llegar antes del 31 de diciembre de 2020 con varios simuladores. Eso sí, los planes iniciales apuntaban a que estos aparatos debían entregarse en marzo del próximo año. Las últimas dos unidades se recibirán en abril de 2022. Pese a todo, esta no es la solución definitiva para sustituir a los aproximadamente 80 aviones «C-101» con los que cuenta el Ejército del Aire, sino que busca ser una transición de cara al futuro avión entrenador.

Los que conocían, al comandante, un experimentado aviador que había estado desplegado en Afganistán, destacan de él que era «un gran profesional», «un experto piloto» y «una buena persona». De hecho, hace pocos días encontró en la calle una cartera con dinero y la entregó en el Puesto de la Guardia Civil de San Javier, muy cerca de la Academia.

Un piloto experto

Fue cuatro temporadas, el «Águila 5» de la «Patrulla Águila», el encargado de llevar el avión a sus límites de la forma más espectacular. Lo hizo hasta febrero, cuando pasó a ser instructor de la Academia.

Casado y con un hijo, el comandante Marín, de 42 años, acumulaba 3.300 horas de vuelo en diferentes unidades y aviones desde el año 2000: Ala 14 (F-1), Ala 23 (F-5) Y AGA (C-101). En 2008 estuvo desplegado en Afganistán.

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