Método infalible para leer El Quijote en dos días

Sin leer una sola palabra y disfrutándolo al máximo

Suelo pensar que existen dos maneras para leer El Quijote, o cualquier novela en general: la primera, con paciencia, sosteniendo el pesado tomo sobre las manos y al resguardo del calor; la segunda, quizá más sencilla, visitando los diferentes recovecos de La Mancha que narra Cervantes con su habitual genialidad, leyendo con los pies y las manos y el olfato cada una de estas esquinas. Este segundo método sería el más rápido, elaborado en un mundo donde no hay tiempo suficiente para buscar una sombra y sostener el libro. Si sigues mis instrucciones al pie de la letra, podrás desgajar los puntos más simbólicos de la novela, desde el momento en que su escritor dibujó las primeras letras hasta la entrada triunfal de Alonso Quijano en El Toboso.

Parte 1: Consuegra

La aventura comienza en el cerro de Consuegra, rodeado de gruesos molinos blancos, tozudos frente al furioso viento manchego. Desde el siglo XVIII actúan como guardianes en torno al Castillo de Consuegra, antes aplastando el trigo y ahora exentos de cualquier ocupación. De los 12 molinos, solo dos de ellos se mantienen abiertos al público. El restaurante Gastromolino y un segundo molino dedicado a explicar a los curiosos - a partir de una visita guiada - cómo funcionaban estos colosos de cal y piedra. Es posible que sus antecesores fuesen los violentos gigantes que derrotaron al Quijote. Sus pequeños ventanucos podrían ser los ojillos de las bestias, es cierto, y sus aspas los huesudos brazos.

El castillo - que se puede conocer en la misma visita guiada que la del molino - tampoco se escapa de las garras de la leyenda. Construido por las tropas del temido caudillo Almanzor, conquistado y reconquistado una y otra vez por fuerzas cristianas y musulmanas, hace de tumba para el único hijo del Cid Campeador, Diego Rodríguez. Aquí se extinguió en 1097 la estirpe del caballero burgalés, en esta roca desnuda y como desbrozada a dentelladas. Uno de los 46 hijos bastardos de Felipe IV también organizó entre sus muros una sublevación infructuosa contra su medio hermano, Carlos II el Hechizado, en los tiempos en que fue prior de la Orden de San Juan.

El alojamiento en Consuegra no tiene pérdida. La vida de antes es un excelente hotel rural sumergido en altas dosis de encanto, cómodo y acogedor para cualquier visitante. Su patio interior cobija el restaurante de El Retorno, conocido por su excelente variedad de quesos y sus platos manchegos, ganadores de un puñado de concursos nacionales.

Parte 2: Argamasilla de Alba

Dicen que fue en este pueblo donde Cervantes, defenestrado debido a un turbulento asunto relacionado con la recaudación de impuestos, fue encarcelado por varios meses. Fue aquí donde su ágil pluma comenzó a derrapar por el papel, hasta cubrirlo con imágenes escritas que todavía hoy leemos con entusiasmo. Es posible visitar el lugar de su encierro, un sótano de piedra cubierto de cal blanca (ahora entendemos de dónde procede la expresión de “cerrar a cal y canto”) y todavía fresco contra el calor abrasador del verano machego.

Incluso se llega a pensar que este es el lugar de La Mancha del que no quería acordarse - por evidentes razones -, el lugar de origen de nuestro hidalgo favorito. Visitando la Iglesia de San Juan Bautista se descubre un cuadro de la época, mostrando un caballero arrodillado cuyas facciones son idénticas a las del Quijote. Sus ojos un hundidos y la barba afilada hacen pensar que fue en este personaje en quién se inspiró Cervantes para conformar a Alonso Quijano.

Parte 3: las Lagunas de Ruidera y la Cueva de Montesinos

Cualquiera de los distintos hoteles y hostales a las orillas de estas lagunas proponen el lugar idóneo para dormir la segunda noche. Hay que descansar después de sobrevivir a las últimas aventuras, tomar fuerzas, reagrupar a la tropa. Antes de volver a batallar.

En esta tercera parte del viaje, el visitante se enfrentará con un enemigo más poderoso que los musulmanes y los recaudadores de impuestos. Entramos en los terrenos mágicos de la novela. Porque cuenta la leyenda que fue el mago Merlín quién transformó a Ruidera y sus hijas y sobrinas en estas preciosas lagunas de agradable baño, donde basta alquilar una canoa para navegar por sus historias más profundas. Enojado y colérico por alguna razón desconocida, Merlín también encerró en la cueva de Montesinos al caballero de mismo nombre junto con otros 500 desafortunados, incluyendo un puñado de damas negras que llevan siglos aullando en su encierro bajo tierra. Son los murciélagos de la Cueva de Montesinos, que todavía hoy pueden encontrarse durante su visita (también guiada y con casco para evitarse los chichones), atrapadas por el terrible hechizo.

¿Cómo conocemos esta rica leyenda, plagada de variopintos personajes? Fue el propio Quijote quien descendió a la cueva atado a una cuerda, antes de echarse una siesta soberana en su oscuridad. En sueños se le aparecieron todos estos espíritus, incluyendo Montesinos con su larga barba blanca a rastras y, es curioso: Montesinos aseguró al Quijote que tras conocerse ambos, su hechizo jamás se rompería y los 500 espíritus vivirían eternamente, porque una vez se plasmase su leyenda en las páginas de Cervantes, ya nadie la olvidaría. Así consiguen ciertos hombres la inmortalidad, ya sean leyendas o realidad, esta es la piedra filosofal que buscaban los alquimistas con un ahínco desesperado. Al escribirse su nombre en las páginas de cualquier historia que perdurase.

Parte 4: El Toboso

Hogar de la bella doncella que nunca existió. El éxtasis de esta deliciosa crítica a lo inútil que elaboró Miguel de Cervantes. Así lo explica en el Libro II, capítulo IX: “Guió Don Quijote, y habiendo andado doscientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo: Con la iglesia hemos dado, amigo Sancho.”

Y sus sueños se quebraron en la puerta misma de esa iglesia por última vez, después de recorrer un camino plagado de desengaños y dolores. Termina la aventura quijotesca con la revelación desoladora, ya inevitable, de su triste locura. Pero nosotros, los habitantes del mundo de la cordura (o eso nos gusta pensar que somos), podemos estirar unos metros más esa demencia ajena, al visitar el Museo Cervantino del pueblo o la Casa - Museo de Dulcinea. Luego cerramos este libro de tierra y piedra, antes de regresar resignados al aburrido mundo de la cordura.