Respirar Burgos

Orbaneja del Castillo (Burgos)
Orbaneja del Castillo (Burgos) Eduardo Margareto/ICAL

Necesitas respirar. Así se presenta Burgos para este verano en el que es una gran opción descubrir o redescubrir lo nuestro. Respirar aire puro, de ese que llena pulmones y corazones. Una explosión de naturaleza, crisol de colores, su verde Norte, el amarillo de sus campos de Castilla que alimentan el alma de la tierra, el azul de sus increíbles cascadas, sus viñas de la Ribera del Duero que se retuercen en la tierra y se van tintando para crear ese néctar que invita a brindar por la vida. ¡Viva el vino!

Un motivo imprescindible, su imponente catedral gótica, este año, de cumpleaños. 800 años ya. Contemplar sus agujas infinitas que desafían la gravedad apuntando al cielo es una de esas cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida… o mil. Patrimonio de la Humanidad, como Atapuerca, la cuna del hombre europeo, o el Camino de Santiago, es Burgos tierra acogedora de peregrinos.

Tratándose de la provincia con más pueblos de España, son innumerables los rincones en los que perderse… o encontrarse. Ideal para amantes del deporte, la cultura y la gastronomía, por supuesto. No se vayan sin probar su morcilla, su lechazo de Aranda, su queso fresco, sus alubias, sus almendras garrapiñadas… El tapeo en la ciudad, parada obligada. Pregunten por ‘los cojonudos’ y atrévanse a las fusiones de producto tradicional y cocina moderna.

Y que me perdonen todos los lugares que no caben en estas líneas, pero aquí algunas sugerencias, Orbaneja del Castillo, pueblo singular, cascada de hacerse fotos. Hablando de agua, el salto más alto de la Península, el del Nervión, limitando con Álava, espectacular. Piérdanse en las calles medievales de Frías, la ciudad más pequeña de España, en las de Peñaranda de Duero, tiene castillo, palacio y muralla, o en las de Covarrubias, preciosa muestra del urbanismo castellano. Puentedey, sobre un puente de piedra. Ojo Güareña, con sus cuevas y su ermita incrustada en la roca. La paz de Santo Domingo de Silos, con el canto gregoriano de sus monjes, el ciprés que convirtió en poesía Gerardo Diego y su claustro. El geoparque de las Loras. La Villa Ducal de Lerma con su palacio convertido en Parador, lugar perfecto para el reposo. Por tener tenemos hasta el Nueva York de los bosques. Vengan y respiren Burgos. Y por la noche, con mantita. Una gozada. Palabra de burgalesa, quien lo probó lo sabe.