Viena, un recorrido por sus lugares más emblemáticos

  • Columna de la Peste
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  • Escultura de Mozart
    Escultura de Mozart

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10 de marzo de 2019. 12:13h

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Maica Rivera 10/3/2019

Con una mezcla de arquitectura antigua, moderna y contemporánea en sorprendente armonía, las calles de Viena constituyen por la belleza de sus edificios un museo al aire libre. Gustav Klim afirmó: “El arte es una delgada línea alrededor de tus pensamientos”. Quizás sus palabras nacieron de contemplar esa fina línea dibujada en el skyline de la capital austriaca.

Viena es arte en sí misma

Es indudable que Viena es un destino cultural que aporta al viajero una experiencia de valor incalculable, no solo por la riqueza de sus múltiples exposiciones de cuadros, muebles u objetos de interés artístico, sino por los siglos de historia que la urbe "narra". Las fachadas, que se elevan imponentes y se coronan con las cúpulas, son un legado de arte en sí mismas. Por ello, para conocer realmente todo lo que ofrece, es indispensable pasearla, “medir” sus distancias, tomarle el pulso.

La proximidad del Palacio Imperial de Hofburg –complejo palaciego encajado en medio de la ciudad–, hace de la Albertinaplatz un lugar de partida idóneo para uno de los tours que mejor muestra la esencia vienesa: Free Tour Vienna. Conducido por guías oficiales muestra las localizaciones más icónicas: Josefsplatz, Michaelerplatz, el Burgganten, el Ayuntamiento, la Columna de la Peste o la Universidad entre otras, hasta finalizar en la Catedral de San Esteban.

Un tour para conocer su esencia

Situado en una esquina de Albertinaplatz, junto al punto de encuentro, el Café Mozart con su atmósfera bohemia desvela que la inteligencia e inquietudes son clientes habituales de este tipo de establecimientos. El guía explica que en los cafés de Viena la lectura, el debate y la creatividad unen a personas de todas las edades, nacionalidades y creencias. Esta práctica social ha sido declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Al otro lado, no muy lejos, el Museo Albertina con su original arquitectura tienta a entrar, pero la perfección de las esculturas que lo rodean advierte que, para asimilar la intensidad de los museos de Viena, es necesario tomar perspectiva en sus exteriores.

El tour atraviesa el Palacio Imperial de Hofburg dejando atrás la Josefplatz y la Escuela Española de Equitación para llegar a la Michaelerplatz, cuyo emblemático espacio está dominado por la ma-jestuosidad de la puerta Michaelertor. Sin duda es una de las entradas más exuberantes del Palacio Imperial –da acceso al ala que alberga el Museo de la Emperatriz Sisi–. Al cruzarla acoge una bella cúpula que abruma por la maestría de sus relieves y por el eco de su abovedado techo.

Se toma consciencia de que es única

Un tramo esencial del tour es el que discurre por la Ringstrasse, una avenida circular que con un halo imperial y aristocrático rodea el centro de Viena. El "anillo" –como es conocido– se construyó siguiendo el trazo de la antigua muralla de la ciudad, de ahí que en su interior se halle el corazón de la urbe. Lo flanquean edificaciones tan simbólicas como la Ópera, el Parlamento, el Ayuntamiento o el monumento de la emperatriz María Teresa.

Otra parada de especial mención, por lo que representa, es el jardín donde se encuentra el monumento de Mozart. A sus pies un conjunto de flores en forma de clave musical parece que dotan de vida al mármol de la figura. En ese lugar el canto de los pájaros se convierte en alegoría de partituras que recuerdan que Viena es la capital mundial de la música.

Así, paso a paso, se va tomando conciencia de que Viena es única mientras el tour llega a su fin en la Catedral de San Esteban. Han transcurrido dos horas y media desde su comienzo junto al Café Mozart: nueve mil minutos en los cuales edificios, plazas y parques han sido museo. Quinientos cuarenta mil segundos en los que el tiempo no ha distinguido épocas.

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