Fármacos: el uso de opiodes se duplica en España en los últimos siete años

Un empleo combinado de paracetamol y tramadol, que se prescribe en el 60% de los casos, supone la causa de este aumento. El envejecimiento de la población y la cronicidad de las patologías son el origen de la demanda

  • Evolución del consumo de opioides en España
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03 de abril de 2019. 18:14h

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Pilar Pérez Madrid. 1/4/2019

Combatir el dolor es un acto que se lleva a cabo en el mundo occidental. «Mitigar el sufrimiento es propio de las sociedades avanzadas que buscan evitar este trance o superarlo de la mejor manera posible», explica Pedro Juan Ibor Vidal, coordinador del Grupo de Trabajo del Dolor de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). Así, en España se ha duplicado el uso de opioides entre 2010 y 2017. Las razones, como apuntan los expertos consultados por A TU SALUD, se resumen en dos: en las consecuencias del envejecimiento de la población y en un mayor abordaje del dolor crónico en las patologías oncológicas.

«Resulta bastante lógico si ahora hay más ciudadanos que sufren las consecuencias de la degeneración muscoloesquelética, en forma de artritis o artrosis, por ejemplo», explica Concha Pérez, portavoz de la Sociedad Española del Dolor (SED). Por otro lado, este incremento, si se ve con detalle el informe que recoge el Observatorio del Medicamento del Ministerio de Sanidad, se concentra sobre todo en el empleo combinado de analgésicos y opioides menores, «es decir, sobre todo del paracetamol y el tramadol, que suponen un 60% de los casos», explica Ibor Vidal. El portavoz de Semergen subraya que estamos ante una «foto real» de la situación en nuestro país «porque el consumo de este tipo de moléculas está más que vigilado y controlado. Lo que refleja el informe es lo que hay en la calle, porque se ve en las recetas», apunta Ibor Vidal.

Mejor uso

Lejos de encontrarnos ante un problema de abuso, como pueda darse en Estados Unidos, el incremento del uso de los fármacos opioides que se observa en las gráficas que recoge Sanidad se debe a un mejor control del dolor. «Hasta ahora, en muchos casos estaban infrautilizados, porque el manejo de este problema se veía más como un síntoma que una entidad patológica en sí», explica Pérez. Además, la portavoz de la SED apunta que se emplean combinaciones con dosis «bajitas» y sobre todo en población que «no puede tomar los analgésicos tradicionales, los AINEs, porque pueden alterar otras patologías de base, como la hipertensión arterial, la insuficiencia renal o problemas de sangrado gástrico».

Otro de los que ha visto elevado su consumo es el fentanilo, que supone un 14% del total. María Elviro, coordinadora nacional del Grupo de Trabajo de Dolor de la SEFH (Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria), comenta que «en cuanto a los opioides potentes, actualmente éste seguiría en cabeza con casi el 15% del consumo global, lo que supondría aproximadamente el 50% de los potentes. En el informe de la Agencia no aparecen diferenciadas las distintas presentaciones del fentanilo, por lo que no podemos saber su consumo de forma detallada y específica». En este sentido, hay que mencionar que el mayor empleo de unos sobre otros se debe «principalmente a la mejora de los compuestos. El uso de las combinaciones supone una sinergia importante tanto en la eficacia como en la seguridad» explica el portavoz de Semergen. De modo que, «podemos encontrar fórmulas seguras y bien toleradas, como ocurre con el empleo de oxicodona y naloxona, en el que se usa un opioide y un antagonista, lo que ayuda a evitar los efectos secundarios», detalla la portavoz de la SED. Además, como expone Pérez, «el manejo del dolor hoy se debe sobre todo al empleo de la farmacoterapia. Si se quiere reducir ésta, habrá que optar por técnicas intervencionistas, lo que deberá venir de la mano de más formación y preparación en la especialidad en sí».

Desde Sefap (Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria), Marta Alcaraz Borrajo y Silvia Herrero Hernández, farmacéuticas de atención primaria, apuntan que «los parches de fentanilo y el tramadol son los más utilizados. Destaca también el incremento en el uso de tapentadol y oxicodona con naloxona». Además, la boticarias hacen hincapié en que «se ha producido un cambio radical en la perspectiva de la analgesia opioide: se ha pasado de tener “miedo” a su utilización por lo que se empleaban poco, posiblemente menos de lo necesario, a un exceso de confianza en estos fármacos que ha llevado a un aumento sustancial de su prescripción en todo el mundo».

Hay que destacar que en la «Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España 2017-2018», elaborada por la Delegación del Gobierno del Plan Nacional sobre Drogas y que publica el Ministerio de Sanidad, el 14,5% de la población española de 15 a 64 años ha consumido analgésicos opioides alguna vez en la vida, el 6,7% en el último año y el 2,9% lo ha había hecho en el último mes. Los analgésicos opioides más empleados son codeína, tramadol y morfina. La mayoría de los usuarios (95,7%) los obtuvieron siempre con receta médica y más de la mitad los tomó por dolor agudo (65%).

Las portavoces de Sefap explican que «en España resulta muy difícil un uso sin control ya que los opioides son estupefacientes, y para su dispensación en la oficina de farmacia es necesaria una prescripción médica. En general, no podemos decir que los pacientes abusen de estos fármacos. Lo importante es que se impliquen en el manejo del dolor, conozcan cómo utilizar de forma adecuada y lo más segura posible sus medicamentos y no abandonen las medidas no farmacológicas». Como añade el portavoz de Semergen, «la pauta de dosificación está clara y con la receta electrónica se complica la dispensación sin motivo médico».

Por ello, la polémica surge cuando el uso médico que se ofrece a través de estos fármacos no es el indicado. «Queda claro que en el dolor crónico oncológico su empleo se ha elevado porque hay una mayor supervivencia de los pacientes al tumor y lo emplean de forma controlada», explica el portavoz de Semergen. Sin embargo, José Manuel Paredero, farmacéutico de atención primaria del Servicio de Salud de Castilla la Mancha (Sescam), advierte (en declaraciones a Efe) de que es «preocupante» que la mayoría de los pacientes que toman opioides los usan para el dolor crónico no oncológico.

¿Por qué la polémica?

En este sentido, como explica Paredero, la eficacia de los opioides «es muy cuestionada», y subraya «la falta de seguimiento del tratamiento de los pacientes, que debido al potencial adictivo de estos medicamentos puede desencadenar muchos problemas de seguridad y de adicción». Asimismo, ha explicado que los estudios con este tipo de fármacos para dolor no oncológico no suelen ir más allá de los seis meses, por lo que «no se sabe más allá de ese tiempo qué resultados va a tener ese medicamento, si va a seguir cumpliendo su función o va a empezar a no cumplirla y a dar más problemas que beneficios». Por otro lado, hay que subrayar que también aumenta los riesgos el uso concomitante de los opioides con otros fármacos como antidepresivos, gabapentinoides e hipnóticos, «cuando ya se sabe que en este último caso la mezcla duplica el riesgo de mortalidad», asegura Paradero.

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