El blog del gacetillero

Pensares y sentires de un gacetillero por el mundo, tratando de decir lo que es como es —y no como interesa que sea—, para aupar lo humano, noble y bueno que aún queda esparcido por las esquinas del vivir.

  • La poetisa Marcela Duque, premio Adonáis 2018
    La poetisa Marcela Duque, premio Adonáis 2018

Bello es el riesgo

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Sobre el autor

Jesús Fonseca

Periodista, delegado de LA RAZÓN en Castilla y León. Llevo más de cuarenta años viajando por el mundo como corresponsal de prensa, radio y televisión, dedicado a contar noticias, a la crónica, la entrevista, el columnismo y también a la poesía.

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Es uno de los premios de poesía más prestigiosos del mundo. Nació en 1943, con el objetivo de aupar voces emergentes en lengua española. En la actualidad, la colección Adonáis, respaldada por editorial Rialp, dispone de más de 660 títulos. Una sabrosa y muy esclarecedora muestra de la evolución de la poesía española durante las siete últimas décadas.

Esta semana, la joven colombiana Marcela Duque Ramírez, se ha alzado con el Adonáis, con un poemario que lleva la belleza en el título: Bello es el riesgo. Le sucede a Marcela Duque, como a Kierkegaard, que su mayor placer y ocupación favorita es «meditar sobre aquello que parece más simple». Marcela es «paisa», que es como llaman en mi lindo país colombiano a los de Medellín. Una ciudad trepidante, de gente avispada —por lo general— y muy laboriosa.

«Paisa» es uno de mis poetas más cercanos: Porfirio Barba Jacob. «Todo nos llega tarde... ¡hasta la muerte!». Fue uno de sus versos más celebrados. Una tarde, en Bogotá, Eduardo Carranza y yo, allá en Teusaquillo, llegamos a la conclusión de que ese verso se le había ido de las manos al maestro. Y decidimos corregirlo. A partir de entonces, diría así: «todo nos llega tarde... ¡hasta la vida!». Espero que Barba Jacob nos haya perdonado la osadía.

Cuento estas cosas, porque Colombia es tierra de rapsodas. Y porque Marcela Duque posee ese infalible oído poético de aquellos valles y montañas. De su desierto caribeño, sus aves multicolores, la guajira y la alegría del guarapo. Colombia, «ancha y larga, / entre sus letras». Con su sabor a guanábana. ¡Qué alegría que Marcela haya conseguido el preciado galardón! Bello es el riesgo, es el poema que da título al libro, y que está dedicado a Sócrates. Alguien a quien venera nuestra joven «paisa».

También a ella, le basta —como a Sócrates—, «con escuchar a una encina o a una roca», siempre que diga la verdad: «Te quiero para siempre aquí en mi casa. / Ya no sabré qué hacer cuando te marches. / Quédate, por favor, que es noche oscura. / Necesito la luz de tu mirada».

Marcela Duque pasa a formar parte de una lista, entre los que se encuentran los primeros nombres de la poesía del mundo hispano: José Hierro, Claudio Rodríguez, Gala, Colinas o Antonio Lucas. No está mal. Bello es el riesgo.

Me pregunto qué pensará Marcela de todo esto. De que leamos sus versos en silencio y, con ella, nos preguntemos por la vida, y por tantos porqués irresueltos. Tal vez «una morada —Dios— y buena compañía», nos basten, como a ella, para seguir caminando.

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