El sector del libro de Castilla y León pide atención

Libreros y editores reclaman la complicidad y la implicación de los lectores con el pequeño comercio para salir de esta situación cuando cese el confinamiento

Una librería cerrada en las calles de Valladolid
Una librería cerrada en las calles de ValladolidIcAL (nombre del dueño)

El sector del libro está en el alero. Libreros y editores, al igual que los autores, viven “con mucha preocupación” la evolución de la pandemia desde que la promulgación del Real Decreto 463/2020, del 14 de marzo, por el que se declaró el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el Covid-19. La normativa no contempla al libro entre los artículos de primera necesidad y por ello su venta presencial ha quedado prohibida, aunque desde Cegal (la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros, interlocutora con el Gobierno) recalcan que sí lo es, esgrimiendo que “muchas normas así lo regulan”, en alusión por ejemplo al tipo reducido de IVA fijado para estos artículos.

La situación es compleja, tanto que desde Cegal han elaborado una guía de 26 páginas con preguntas y respuestas básicas para los libreros, a quienes advierten: “Como a los ciudadanos se les está parando para justificar sus desplazamientos y requiriendo el motivo, si muestran un tique o factura de compra de un libro, el librero podría ser sancionado”.

El presidente del Gremio de Libreros de Valladolid, Miguel Ángel Hernández, recalca en declaraciones a Ical que existe un cierto vacío legal sobre lo que pueden y no pueden hacer las librerías en esta situación. “Los comercios que son exclusivamente librerías no pueden abrir, solo pueden hacerlo los que han declarado más de la mitad de su actividad habitual como papelería. En teoría estas, si están abiertas, deberían tener precintada la parte de los libros y solo limitarse a la venta de papelería, pero en esa situación no comprendemos cómo Amazon y otras plataformas siguen vendiendo libros cuando a nosotros nos prohíben hacerlo”, lamenta.

Hernández califica la situación de “inaudita”. “Nos bloquean a nosotros y a otros gremios impidiéndonos la venta, cuando lo lógico sería haber restringido toda la venta de libros incluso online”, explica. Al respecto, el real decreto precisa que la venta a través de internet está permitida para cualquier producto siempre y cuando se realice el reparto a través del personal propio y no de mensajerías o del servicio de Correos.

La imposibilidad den muchos casos de acceder a sus propios comercios, así como el cierre de la práctica totalidad de los almacenes distribuidores (la gran mayoría han tenido que realizar ertes para garantizar su supervivencia) y la inexistencia de plataformas online para despachar sus productos, impide a muchas de las librerías agremiadas realizar venta online estos días. Además, según explica Hernández, las librerías vallisoletanas que sí contaban con esa posibilidad de venta por internet han renunciado a ejercerla en solidaridad con el resto y para mostrar su rechazo a una posible competencia desleal. “Las librerías de Valladolid estamos muy unidas, y hay que ser responsable. Si tenemos que quedarnos en casa no es posible que los repartidores tengan que estar trabajando hasta las diez de la noche para entregar unas zapatillas o un libro, porque se podrían contagiar en cualquier momento”, señala.

El “gran miedo” del sector, según explica, es que muchos de los clientes habituales que antes compraban siempre en el pequeño comercio modifiquen su hábito ante la actual situación que empuja a la compra online, y que cuando la normalidad se termine por restablecer no vuelvan a las librerías y al comercio en general. “Estamos haciendo campañas y cartelería para que cuando todo esto pase la gente regrese, porque el pequeño comercio es sin duda el gran afectado de esta situación. Afrontamos una situación muy delicada; al cierre de dos meses en principio habrá que sumar un tiempo hasta que todo repunte, porque con los eres y ertes el consumo bajará mucho. Es imprescindible que la gente sepa que cuando todo esto pase debe acudir al pequeño comercio si no quiere que desaparezca”, implora.

El Gremio de Libreros de Valladolid agrupa a 28 establecimientos y la gran mayoría de ellos permanecen cerrados ante esta situación (apenas son seis los que centran su actividad en la papelería). Estos días ven cómo dos de las fechas marcadas en rojo en su calendario laboral por el pico que facturación que conllevan se desvanecen. Por de pronto, la celebración del Día del Libro el 23 de abril en la Plaza de España, una jornada de multitudinario encuentro festivo con los lectores, está totalmente descartada. Además está por decidir el futuro de la próxima edición de Feria del Libro de Valladolid, prevista inicialmente para comienzos de junio en la Plaza Mayor: “Anulada no está por el momento, nos reuniremos la próxima semana con el Ayuntamiento para ver qué sucede con esta edición, pero parece que cuando estaba contemplada no se podrá realizar”, señala asumiendo que “la esperanza es que se pueda retrasar”.

Hernández recalca además que la dureza de la situación se agrava ya que la gran mayoría de los libreros son autónomos (en torno al 70 por ciento del tejido empresarial del libro en España son microempresas) y tienen que seguir pagando los impuestos pese a que su facturación ha quedado reducida a cero. “La cotización de la Seguridad Social de marzo de momento ya nos la han cobrado, mientras que en Francia o Italia han suprimido las cuotas de marzo y abril. Aquí hablan de aplazamiento, pero para qué me sirve si luego dentro de seis meses tendría que facturar seis veces más para compensar el gasto. Además, el resto de impuestos siguen viniendo, IRPF, IVA… Estamos negociando con los proveedores pero ellos también tienen sus propios problemas. Al final esto es una rueda y cuando algo se para, se detiene todo”, explica.

Un horizonte delicado

Por su parte, desde Salamanca, el presidente del Gremio de Editores de Castilla y León, Ricardo de Luis, subraya que también viven el momento “con mucha preocupación”, ya que además del tiempo de inactividad en que las librerías se vean obligadas a cerrar sus puertas hay que contar con los meses que se tardará en “recuperar la normalidad”. “El comercio estará muy ralentizado los próximos meses, y damos por hecho un semestre sin actividad comercial. Además está por ver en qué situación quedan las librerías y otros agentes del sector”, advierte.

Hace apenas un año, en el último balance realizado por el Gremio ante los medios, Ricardo de Luis mostraba su confianza ante lo que calificaba como un “horizonte de esperanza” para las editoriales y las librerías de la Comunidad, sin olvidar las imprentas, después de que la venta de libros en la región aumentara un 1,3 por ciento en el año precedente (se trataba del mayor incremento registrado en el conjunto de España, por encima incluso de Madrid y Cataluña). Doce meses después, mientras ultiman los datos del nuevo balance, que presentarán en breve, el panorama ha cambiado por completo. “Es demasiado pronto para sacar conclusiones de cómo han ido las ventas este último mes, porque las liquidaciones de distribuidores y librerías llegan uno o dos meses después, pero estos últimos quince días han estado parados”, subraya.

Desde la declaración del estado de alarma, los editores han mantenido reuniones con la Administración a nivel nacional y autonómico. De hecho, el pasado viernes se celebró la última reunión telemática con la Consejería de Cultura y Turismo, un encuentro donde el consejero les manifestó que están receptivos a propuestas, si bien “como es natural el problema hoy día es que la prioridad y urgencia máxima es lo sanitario”. “No se puede avanzar con propuestas porque no se sabe con qué medios económicos se podrá contar ya que el presupuesto de la Comunidad se ha modificado para hacer frente a esta emergencia sanitaria”, señala.

“Nos han dicho que se apoyará el sector pero de momento no pueden concretar medidas. Hemos acordado seguir en contacto haciendo propuestas y habrá que ver. El espíritu es pensar que igual que en otras ocasiones hemos salido adelante, de esta tendremos que salir, y para lograrlo es preciso echarle creatividad, esfuerzo y unión”, señala en declaraciones a Ical.

En las 16 editoriales agrupadas en el Gremio (están presentes empresas de todas las provincias salvo Ávila y Soria) la actividad se mantiene dentro de lo posible, con sus responsables leyendo manuscritos, corrigiendo pruebas o encargando la maquetación y el diseño de volúmenes que (con suerte) pronto poblarán las librerías. Sin embargo, De Luis es consciente de que “habrá que ralentizar y disminuir los títulos y las novedades para ajustar la producción”.

Respecto al futuro de las ferias del libro que en las próximas semanas deberían comenzar a celebrarse en Castilla y León, desde el Gremio de Editores aguardan con expectación las decisiones de los ayuntamientos de las principales capitales de provincia, que son los promotores de un evento clave para el sector. Tras el anuncio de Madrid de que su Feria del Libro se retrasará hasta comienzos de octubre, confían en que también en la Comunidad se puedan aplazar estas convocatorias hasta el otoño. “La primavera es idónea porque el clima es mejor, pero lo importante sería que se pudieran celebrar, porque son un gran impulso para la edición y para acercar el libro a la ciudadanía”, esgrime.