Un debut de premio

El escritor Mateo García Elizondo presenta la novela «Una cita con la Lady», su impactante estreno en la narrativa de ficción, lejos de la influencia de su célebre abuelo Gabriel García Márquez obra que ha merecido el Premi Ciutat de Barcelona

El autor presenta la novela «Una cita con la Lady», su impactante estreno en la narrativa de ficción, lejos de la influencia de su célebre abuelo Gabriel García Márquez, obra que ha merecido el Premi Ciutat de Barcelona
El autor presenta la novela «Una cita con la Lady», su impactante estreno en la narrativa de ficción, lejos de la influencia de su célebre abuelo Gabriel García Márquez, obra que ha merecido el Premi Ciutat de Barcelonashooting (nombre del dueño)

«Esto ha sido muy sorpresivo porque todo esto ha sido por un premio para el que no te inscribes. Creo que nadie estaba al corriente de que estábamos concursando, así que la llamada fue gratificante, una de las mejores llamadas de mi vida. Es como una bienvenida muy calurosa en el mundo de las letras».

Con estas palabras, Mateo García Elizondo hablaba la pasada semana de la concesión del Premi Ciutat de Barcelona por su novela «Una cita con la Lady», publicada el pasado otoño por Anagrama. El joven autor mexicano lleva la literatura en su ADN, pero su estreno literario poco tiene que ver con sus raíces: el viaje de alguien enganchado a las drogas a Zapotal, un pueblo de México en el que quiere encontrarse con esa lady con la que se siente mejor para poder adentrarse en sus personales paraísos artificiales. «Siempre había querido hacer narrativa de ficción, pero antes tuve que hacer periodismo y, sobre todo, cine antes como una especie de escuela con la que aprender el oficio. El cine sí que es un oficio donde puedes ejercer de narrador, con reglas muy diferentes y similares a las de la narrativa de ficción, como es construir personajes o estructuras. Escribir es un oficio muy solitario mientras que en el cine trabajas con gente que te enseña muchas cosas. De todas formas, lo que a mí más interesante era escribir ficciones, pero antes tenía que adquirir las herramientas», comenta García Elizondo.

Resulta inevitable pensar en Juan Rulfo cuando se leen las páginas de «Una cita con la Lady», sobre todo por la estela mexicana del paisaje en el que se mueve el protagonista de la obra. «Evidentemente admiro mucho a Rulfo porque fue un escritor que definió cierto universo mexicano que está muy definido y anclado en la conciencia colectiva mexicana. Por más que me han comparado mucho la novela con “Pedro Paramo”, yo leí esa novela en la secundaria y no había entendido gran cosa. Ya con varias versiones de mi novela volví a leer “Pedro Paramo” para asegurarme que no pisaba con territorio sacro. Es muy difícil hacer historias de fantasmas en México sin que los lectores no se refieran a Rulfo. Pero mis inspiraciones han sido otras», argumenta el escritor a quien le gusta citar como sus fuentes a Joseph Roth, Kafka o William Burroughs.

La adicción a las drogas es tratada por Mateo García Elizondo sin artificios, con un sumo cuidado y respeto hacia un protagonismo que se mueve en cierto misticismo, dignificando al personaje. «Hay algo que tenía mucho sentido en el personaje y era esa adicción que te engancha a la vida, pero que al mismo tiempo te está matando. Eso es lo que pasa con la heroína y me parecía un conflicto interesante. Por otro lado, tuve conversaciones con amigos que estuvieron metidos y les pregunté por sus experiencias. Empaticé mucho con el personaje porque había algo en lo que éramos muy parecidos. Por un lado está el hecho de que las decisiones que tomaste en la vida te llevaron a lugares oscuros o errados. Por el otro, hay cierto cinismo y comodidad por la decadencia. Lo que no quería era hacer un juicio de valor sobre este personaje. Me parecía más interesante la experiencia por la que estaba pasando. Estaba ese deseo de morir , de llegar al final del camino, pero al mismo tiempo hay algo en esa adicción que te retiene. Era un conflicto muy bonito y místico que permitía reflexionar sobre algo muy bonito».

En esta exploración de la soledad, el lector se encontrará con un viaje por una «noche oscura del alma» en Zapotal. El misticismo es, precisamente, una de las miradas escogidas por el escritor para enfrentarse a su personaje. «Es como en “La leyenda del Santo Bebedor” con un alcohólico decadente, pero que al mismo tiempo tiende hacia arriba, algo que crea una fricción interesante. Con este personaje pasa que es muy orgánico: parte de lo que hace a la historia más entrañable son los destellos de luz en algo que es muy oscuro. Son temas muy místicos y me he clavado en el misticismo asiático y mexicano», añadió el ganador del Premi Ciutat de Barcelona.

El autor de «Una cita con la Lady» tiene tras de sí un trasfondo literario al ser nieto de Gabriel García Márquez. Resulta inevitable preguntarle si su célebre abuelo ha influido a la hora de enfrentarse a la hoja en blanco. «Siempre pasa por la cabeza si esto lo habría escrito, pero Gabo jamás habría escrito esto. Me preocupaba más la comparación con Rulfo. Crecí rodeado de personajes, conversaciones y libros muy interesantes, pero aprendo mucho más de él ahora que no está que cuando estaba vivo. No he sentido su reflejo de escritor hasta mucho más tarde», concluyó.