Aumenta el riesgo de ruptura entre el PDeCat y la Crida de Puigdemont

El expresident evita posicionarse para eludir el desgaste en medio de las negociaciones para reformular el espacio heredero de Convergència

Carles Puigdemont y el presidente del PDeCAT, David Bonvehí, junto al exconseller Lluís Puig, y la vicepresidenta del PDeCAT, Míriam Nogueras, durante su reunión en Waterloo/Efe
Carles Puigdemont y el presidente del PDeCAT, David Bonvehí, junto al exconseller Lluís Puig, y la vicepresidenta del PDeCAT, Míriam Nogueras, durante su reunión en Waterloo/Efe

“En esencia estamos igual. El hecho de que estemos igual a estas alturas es una mala noticia”. Así resumen algunas voces conocedoras de las negociaciones el estado en que se encuentran las conversaciones entre el PDeCat y la Crida Nacional per la República para reorganizar el espacio heredero de la antigua Convergència. Las diferencias son aún importantes, las conversaciones están enconadas, se multiplican los riesgos de ruptura entre ambas organizaciones y el malestar del PDeCat con Carles Puigdemont va “in crescendo”: el expresident, hasta ahora, ha evitado posicionarse en el asunto para sortear el desgaste.

Mientras las distancias son todavía ostensibles, las prisas se acentúan y las presiones crecen. Sobre todo, por parte de la Crida, una organización constituida el 26 de enero de 2019 que ha permanecido en hibernación hasta ahora –pese a que amagó con presentarse a algunas citas electorales del año pasado, finalmente lo descartó-, y, por tanto, necesita despejar y aclarar su horizonte lo antes posible para ponerse a punto ante el inminente escenario electoral en Cataluña. El PDeCat, en cambio, en otros momentos más atenazado, ahora se ha plantado y defiende su terreno: se considera ya preparado para una convocatoria electoral y reivindica su estructura territorial –14.000 asociados y 300 alcaldes- y una línea ideológica muy definida, algo importante en un momento en que las cuestiones económicas y sociales han cobrado mucho protagonismo.

Las diferencias no están ahora en los nombres o liderazgos -pese a que ya hay debate, también-, sino en el encaje. El PDeCat rechaza disolverse, mientras que la Crida quiere absorber al partido que lidera David Bonvehí y desterrar el pasado convergente. Precisamente, es ahí, según apuntan las mismas voces, donde están encallados ahora: el PDeCat, que reivindica el legado político de Jordi Pujol, “quiere seguir vivo” con sus siglas y su ideario; la Crida, en cambio, quiere rehacer de nuevo todo el espacio.

“El PDeCat revindica la obra política de Pujol, mientras los líderes de la Crida han combatido toda la vida a Jordi Pujol”, aseguran fuentes conocedoras de las negociaciones, en alusión a que la Crida, pese a ser ideada por Puigdemont, está liderada por Jordi Sánchez y Toni Morral, procedentes de Iniciativa per Catalunya, formación predecesora de Catalunya en Comú-Podem, espacio liderado por Ada Colau. En este sentido, la cuestión ideológica se ha convertido en un aspecto esencial para el PDeCat, que rechaza renunciar a sus señas de identidad, desdibujadas durante los años de “procés” y aspira a proyectarse como partido de centro y de gestión. La Crida, sin embargo, está compuesta por figuras procedentes de la izquierda y la derecha, que le dan una ambigüedad ideológica que puede ser poco favorable en el actual contexto.

Este choque reduce, por ahora, las posibilidades de encaje entre ambas organizaciones y agranda el riesgo de ruptura. Aunque también es cierto que a ambos lados son conscientes de que a nadie beneficia una escisión. “Si vamos por separados a las elecciones, Esquerra vencerá en las elecciones”, aseguran.

Además del encaje, otra de las tareas pendientes son los nombres. Más aun teniendo en cuenta que las elecciones se avecinan. Nadie pone en duda el liderazgo de Puigdemont, aunque el expresident, que es eurodiputado -y tras incumplir su promesa de regresar a Cataluña en las últimas elecciones-, no optará a ser de nuevo president –pese a que sí que podría formar parte de las listas- y, por ello, se ha abierto la veda sobre posibles candidatos efectivos. Por ahora, quienes suenan con más fuerza son tres consellers (del PDeCat) y un independiente: Àngels Chacón, que suscita amplio apoyo en el PDeCat y puede reivindicar capacidad de gestión; Damià Calvet, que no concita tanto respaldo interno, pero que proyecta capacidad de gestión; Jordi Puigneró, afín a Puigdemont; y, Joan Canadell, el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, que está dispuesto a entrar en política.