Elecciones en Cataluña: la CUP, bajo la lupa de la Fiscalía y con el objetivo de la vía unilateral

Los antisistema quieren ser decisivos para presionar a JxCat y ERC. «Hace falta una ruptura previa», repiten sobre el conflicto. Anticorrupción investiga su campaña del 1-O

David Fernández, en su época en el Parlament como líder de la CUP.
David Fernández, en su época en el Parlament como líder de la CUP.

La CUP afronta el posible adelanto electoral en Cataluña con la noticia de la investigación abierta de la Fiscalía Anticorrupción sobre los fondos destinados por la formación a la campaña del referéndum del 1-O. El caso empezó a raíz de una propuesta de resolución de Ciudadanos. En un escrito presentado hace un año, el partido naranja recordaba que la legislación establece que las asignaciones que reciben los grupos a través del Parlament no se pueden destinar «a sufragar actividades ilícitas», como, a su juicio, era la campaña del 1-O.

Y es que, según avanzó ayer el diario «Ara», la Fiscalía «ha puesto la mirada en el presupuesto y el gasto de aquella campaña» y, en concreto, en dos partidas con un coste de 168.666,63 euros. La formación antisistema explicó que dichas partidas hacen referencia a la publicación y presentación del libro «Referèndum 2017: la clau que obre el pany» [Referéndum 2017: la llave que abre la cerradura] y el vídeo «Ara comença el Mambo» [Ahora empieza el Mambo].

En declaraciones a Catalunya Ràdio, la dirigente de la CUP, Eulàlia Reguant, reconoció que el partido «siempre ha destinado dinero para hacer acción política» y habló del libro y de los «más de 400 actos» a favor del 1-O, aunque desde la formación aseguran que se trata de una «acción política legítima» y acusan al Estado de construir un «juicio político».

Ayer mismo, un miembro del secretariado nacional –el partido no quiso revelar su identidad–acudió a declarar. Sobre la formación podría recaer un posible delito de malversación por haber destinado fondos públicos a sufragar gastos relacionados con el referéndum a través de ingresos que recibían como grupo parlamentario.

Al margen de este caso, y más allá de las posibles consecuencias, en el terreno político la CUP rechaza de plano la mesa de diálogo con el Gobierno promovida por Esquerra y apuesta completamente por la unilateralidad y el 1-O, una vía que vuelve a debatir internamente con la vista puesta en la próxima legislatura. La formación antistema quiere elecciones y así lleva meses reclamándolas al Govern de Quim Torra, un Ejecutivo al que cuestionó desde el primer minuto –en el pleno de investidura del president, los anticapitalistas advirtieron que se situaban en la oposición– y que ahora tildan de «agotado».

Sin embargo, no por ello la CUP deja de lado su apuesta por la independencia, al contrario. De momento, este verano ha empezado a debatir su hoja de ruta política para encarar las próximas elecciones en la que plantea incluir la voluntad de hacer un nuevo 1-O mientras Podemos forme parte del Gobierno. Una primera propuesta del secretariado nacional –el equivalente a la cúpula de cualquier formación– que podría variar y que ahora se debe acabar de discutir en sus numerosas asambleas territoriales, en las que se terminará decidiendo el rumbo. El documento político en el que trabajan y que se perfilará en septiembre también habla de la vía de un referéndum pactado y de la «movilización y la desobediencia civil» como fórmulas para culminar el «procés».

Otra de las tareas pendientes de la formación es decidir su cabeza de cartel para la presidencia de la Generalitat y la composición de las listas después de haber logrado el objetivo de conseguir representación en el Congreso con dos diputados. Y aquí surge otra de las grandes incógnitas que rodean a la formación: ¿seguirá apostando por su filosofía de caras nuevas o se decantará por figuras más consolidadas? Los anticapitalistas quieren mejorar los cuatro escaños actuales –el último barómetro marca su techo en torno a 6-7- para ser decisivos y presionar a JxCat y ERC hacia postulados más radicales –«hace falta una ruptura previa, un acto unilateral», repite su líder en el Parlament, Carles Riera–, un reto para el que podrían echar mano de uno de sus líderes de referencia, David Fernàndez.

Diputado en la primera legislatura de la CUP en el Parlament –entre 2012 y 2015, con el recuerdo del abrazo con Artur Mas el 9-N– podría repetir como candidato después de que los antisistema hayan cambiado su normativa interna y hayan ampliado a dos mandatos el tiempo que puede ocupar un dirigente suyo en cargos representativos de elección directa supramunicipal. «David Fernàndez podría ser un muy buen candidato», aseguró recientemente Carles Riera. Tampoco se descarta el propio Riera o Eulàlia Reguant. Sin embargo, serán los militantes quienes elijan en una organización asamblearia, en la que conviven dos almas –Poble Lliure (la más posibilista, tentada incluso por Puigdemont y su nuevo proyecto de Junts) y Endavant (la crítica)– y que resulta imprevisible. En la memoria colectiva sigue el insólito empate en la asamblea de Sabadell sobre si investir o no a Artur Mas, a quien la CUP acabó mandando días después «a la papelera de la Historia».